Shakespeer y Shakespeare.


Shakespeer
acontece en un cruce improbable de dos sentidos.

El primero, en la unión de dos palabras: shake [-up] (sacudir, agitar, remover bruscamente; debilitar, desalentar... pero también zafarse, liberarse). Y peer que, en una de sus acepciones señala a quienes son pares en un grupo (por edad, posición social y/o habilidades) y en laotra acepción describe la posesión de título nobiliario en el Reino Unido (esto incluye a quienes alcanzan honor de
Lord y por eso su lugar en la Cámara).

El segundo sentido es más intuitivo: la similitud fonética con el apellido del genial William, quien conocía varios (más) de los vericuetos del corazón humano.


En ese cruce breve, en ese chispazo más que improbable, en ese enlace natural, se despliega este blog.


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27/03/2012

Los Impronunciables (o Wulffmorgenthaler)

Qué decir de esta dupla... Que son un par de humoristas, es obvio. Que son buenos, no es tan obvio, pero es cierto. Que hacen el humor que muestro acá, es cierto, pero sólo parcialmente: la verdad es que su humor va desde la escatología inimputable a la incorrección política total, pasando por los que rescato aquí: tal vez las tiras más basadas en la paradoja, la bivalencia y demás vicios que padecemos y reproducimos a diario en esta sociedad occidental...

Como sólo trabajan en sueco o inglés, cada una de las tiras tiene su respectiva traducción. Enjoy 'em. Perdón: disfrútenlas.


'Decime, mi vida: quién te mostró los genitales?'

El último intento de José para hacer dinero rápido.
(detrás vende 'Mi alma' - 'Mi integridad' - Mi libertad')

El boliche más de moda del mundo. "Nunca han admitido a una sola persona!"
(cartel) No se acepta a nadie.


Entiendo que existe algo llamado el efecto mariposa, que implica que
mi aleteo debería hacer llover en Japón o algo así. Pero doctor, 

aleteo y aleteo y no pasa nada! Nada! Puede fijarse
 si todo está bien ahí atrás?

La afirmación que conforma la más grandiosa amenaza
 a toda la civilización occidental: Estoy completamente satisfecho
con mi vida, tengo todo lo que necesito... No voy a comprar nada nunca más!

Tierra: encendido - apagado.

Uno de los primeros asesinatos: Tengo el presentimiento que lo que decidimos
como la reacción a esta cuestión va a tener mucho significado para el
futuro de la civilización. ¿Debería ser condenado o celebrado? Luce fascinante,
pero por otro lado también doloroso para el otro tipo...

Jenny metió en el depósito a su familia hasta que pudiese darse cuenta de
su propio potencial interno: 'Cuando sepa quién soy,
les prometo venir y sacarlos. Por los próximos cuatro meses me voy
a España a tomar un curso de modelado de vasijas'.

Sabés que hay un dicho... "Alas grandes, pene pequeño"...


Experimento científico para explicar por qué todas las mujeres encuentran
en hombre horrible tocando la guitarra acústica cerca del fuego a alguien
simplemente irresistible.

Por pura coincidencia Luke y Ricky descubrieron la verdad sobre el Infierno:
Hola, gente! Parecen sorprendidos, pero este lugar no es realmente tan malo
 como todo el mundo piensa... Es caluroso, pero aparte de eso estamos
 pasando un muy buen momento! Realmente cálido!

Si 'El Señor de las Moscas' hubiese sido escrito hoy en día:
Dame la puta caracola!

Cuando Dios no está realmente enfurecido, sino fastidiado:
Ahora escucha, Gerardo. Sos un hombre irritante. Siempre escupes
comida grasosa en remeras recién estrenadas, te comés tus propios mocos,
te has masturbado con 'Toy Story'... Me hace sentir que simplemente he
malgastado mi tiempo haciendo este planeta horrible!

Darwin tuvo que re-evaluar sus teorías cuando presenció a Dios en acción
en el más allá: Y entonces la cosita sólo necesita una oreja aquí...
Es graciosísimo! Heeeheee!

Andrés, qué es eso? Sólo tráenos algo que podamos comer, tonto!

Cómo funciona la democracia: Ustedes pueden haber tenido una educación
distinguida y un alto coeficiente intelectual, pero el resto de nosotros dice que
TODOS saltemos en este lago de lava hirviendo! Ahora, vamos!

Por una casualidad, Ralph abrió una puerta que llevaba a una réplica
 del universo que conocemos pero cabeza-abajo: Ciérrala, estoy muy
tensionada ahora... vamos a almorzar a casa de mi hermana
 y ya estamos retrasados...







05/01/2012

El Reaccionario Democrático.

Parece que la democracia también tiene la culpa de que uno de los elementos más subversivos que existen haya aparecido. No piensen en bombas, ideas revolucionarias, dispositivos táctico-estratégicos de asalto a palacios de gobierno. No. Hay uno más dañino y que seguramente muchos no lo señalan como tal: la comedia. Se dice incluso, que los comediantes, sin la democracia, tal vez no hubiesen aparecido. La razón está en que las primeras comedias en occidente, acontecieron por las tierras de la antigua Grecia, donde se la concibió como una comedia costumbrista, algo que, claramente, precisa de la libertad de expresar una crítica.

Hubo unos pioneros, como en todos los demás casos. Eran Epicarmo, Crátino y Eupolis, que se servían del teatro para burlar, parodiar y molestar a partidos, políticos e ideas. Por supuesto, el gran Pericles, quien les dió la posibilidad de ser (como de los demás ciudadanos que gobernaron en todo el período democrático) no se salvó de ser objeto de esas burlas. Eran las reglas del juego: por eso no pensemos que los comediógrafos no eran democráticos, sino que eran escritores buscando el éxito -como todos los demás-, y, en este caso, eso se conseguía críticando el orden constituido. Por eso, si éste era democrático, las comedias serían sin duda aristocráticas y conservadoras para oponérsele (curiosamente, nada más democrático que este ejercicio).

Hubo un comediógrafo que inventó la comedia de sátira política, o sea que era, definitivamente, palabra mayor: se llamó Aristófanes, y era un reaccionario de familia noble rural (siempre ensimismado, hasta se atrevía a mostrar su simpatía por Esparta, con la que los griegos lucharían en larga guerra). En 450 a. C., la democracia no era la del período dorado de Pericles, sino la de Cleón 'el Curtidor'. Aristófanes no podía dedicarse a la tragedia, que lo obligaba a ciertos temas, sino a la comedia, que le permitiría enfrentarse al presente. Como si la parodia no alcanzase, la tradición dionisíaca de las procesiones fálicas, presente en todo el teatro, hacía que la comedia tuviese un lenguaje de lo más procaz. Hubo un caso que comenzó en 470 a. C. con Epicarmo y continuó con sus seguidores, los que a fuerza de usar palabras soeces, lograron que en 400 a. C. se promulgase una ley para frenar esa prodigalidad de palabras brutales. No controlaron igual a la sátira política, y por eso Crátino hizo de Pericles las burlas más extremas y Ferécrates se cansó de exaltar la tradición aristocrática contra el avance democrático. Otro escritor notable fue un amigo (y luego enemigo) de Aristófanes: Eupolis, con quien se alternaron entre atacar el régimen y el trabajo del otro.

[La comedia era un género menor y subsidiario, sólo un apéndice de la tragedia, que, al igual que muchas películas taquilleras del género hoy en día, se la toleraba por lo que rendía en la taquilla. Algunas, carecían de trama, y se representaban sólo por los gags e imitaciones mordaces que hacían.]

Aristófanes, este reaccionario que ejercía derecho tan democrático, llegó a subirse al escenario con el indumento del strategos, mientras Cleón, en la audiencia, asistía a su burla. Hasta llegó a aplaudirlo, sólo que luego lo denunció y lo hizo multar. Una vez pagada, Aristófanes no dudó en escribir otra comedia, con el mismo personajes -obviamente-, pero esta vez lo ridiculizaba mucho más -obviamente-. Cleón la vió, pero esta vez no se puso quisquilloso.

Hasta aquí, Aristófanes se metía con politicos (no menciono a la democracia, porque ella no era lo mismo que hoy consideramos acerca de ella y la comparación sería dudosa). Y, criticar políticos se torna un pecado bien venial si pensamos en los siglos en que hemos padecido su indolencia. Pero Aristófanes se ocupó de otros asuntos (tal vez más sensibles a los que fuimos criados en a mitad occidental, tan inoculada de la cultura grecorromana): el racionalismo laico creciente -al que veía responsable del declive de la religión-, lo que lo llevó a poner en el escenario a sofistas, a Anaxágoras y su amigo Sócrates (como en 'En Las Nubes', donde aparece vestido de «tendero del pensamiento»). Otra víctima fue Eurípides, a quien deploraba con pasión, así que lo mandó al matadero del escenario con las ridiculeces más completas (incluso post mortem!). Con él, atacaba el progresismo y cierto 'feminismo' que bregaba por una sociedad igualitaria. O sea, nada de corrección política, como verán.

Aristófanes tenía tantas groserías disponibles para ofrecer como Crátino. Aún cuando defendía la religión, se dio el lujo de parodiar a los Misterios eleusinos, a Dionisio, y hasta a Zeus. De hecho, no se ponía rojo de apelar a calumnias y difamación. Era, como tantos otros, un hombre brillante que se volvía imbécil cuando se trataba de los hombres y situaciones que detestaba. Eso hizo que las tramas sean muchas veces un simple pretexto. No obstante lo anterior, también se dice que (y preparense, porque es fuerte): jamás se comprenderá a Atenas si no se lee a Aristófanes. En su obra están desparramadas las costumbres, las miserias, las modas atenienses. Es el Dickens que mostró lo mejor y lo peor que tenía Atenas.

La comedia de sátira política murió mientras Aristófanes aún vivía (ya saben: muchos excesos traen muchas censuras) y, como en el cliché de la tragedia del escritor, Aristófanes murió escribiendo comedietas sentimentales. Peor imposible.




02/12/2011

Incinerar, Apedrear o Esclavizar?

En uno de esos twits que se deben preservar, un contacto comparte esta valiosa carta (real o apócrifa, tanto da), donde son señaladas algunas cuestiones importantes... tan importantes que muestras la utilización de textos ajenos (y sagrados) para defender las ideas propias, mientras se ignora una vastedad de otros principios señalados como anacrónicos  (y por tanto, inaplicables), pero tan contundentes como los que son destacados con fervor. Esto no sólo señala el 'recorte' discrecional (es decir, sin un criterio evidente -ni sólido- acerca de qué es lo 'valido' y qué debemos descartar) de una fuente ética; sino también, una suerte de reconstrucción sobre la marcha de unos principios adecuados para vivir (y 'adecuados' a la ideología que se gestó, por supuesto, sin necesariamente tener algo que ver con ese texto que se utiliza para refrendarla). Digamos que, dados ciertos valores -que sin duda son una construcción social situada-, se echa mano a un texto propio de una sociedad en la que fue escrito -o bien para los criterios de su autor-, y que es problemático utilizar como criterio moral si no lo tomamos por entero -y sin discusión- como un códice para vivir a diario. En pocas palabras, deberíamos refrendarlo en todas -y no en algunas de- sus partes; y, si no lo hacemos así, deberíamos seleccionar algunos criterios sólidos y explícitos para hacer un recorte...

Una vez más, el viejo truco de apelar a la autoridad de un libro antiguo para interpretar sólo una parte de la sociedad actual.


[Antes de lo que sigue, no quiero olvidarme de decir que este post está dedicado al que lo compartíó (@), al que lo recompartió () y a quien seguramente lo compartiría (). Si quieren, síganlos! (estos sí que no los van a defraudar)]


Laura Schlessinger es una locutora de radio en Estados Unidos que tiene un programa en el que da consejos a los oyentes que la llaman. Ella declaró, en una ocasión, que la homosexualidad es una abominación, dado que así lo indica la Biblia en el Levítico (versículos 18:22), por lo que no puede ser consentida bajo ninguna circunstancia. A continuación, se transcribe una carta abierta enviada por un residente norteamericano (y que ha sido hecha pública en Internet):


"Querida Dra. Laura:

Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios. Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas las personas con las que me es posible. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18:22, establece claramente que la homosexualidad es una abominación. Punto final.

De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:

1. Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como indica el Éxodo, 21:7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?

2. El Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mexicanos, pero no a los
canadienses. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?

3. Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Lev 5:19-24). El problema que se me plantea es el siguiente: ¿cómo puedo saber si lo están o no? He intentado preguntarlo, pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.

4. Tengo un vecino que insiste en trabajar en el sábado. El Éxodo 35:2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?

5. En el Levítico 21:20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?

6. La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto está expresamente prohibido por el Levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?

7. Sé gracias al Levítico, 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿puedo continuar jugando al fútbol si me pongo guantes?

8. Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19:19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando.¿ Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24:10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Levítico 20:14).

Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda. Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable.






11/06/2011

Groucho y El Hombre de la Bolsa

El Hombre de la Bolsa (the 'Booggie Man', o Bicho-papão) es alguien a quien deberíamos referirnos con mayúscula. No es un nombre propio, tampoco un ser ilustre, pero si es un ser... genérico. No en el sentido en que solemos pensar esa colectividad (como un número múltiple de individuos -diseminados o agrupados, pero en todo caso, muchos más que los que contaríamos con los dedos de la mano-), sino en el sentido determinante: por todos los que han vivido en cada una de nuestras mentes infantiles (y que contienen a todos los que nuestros padres han invocado para que la amenaza ante nuestra conducta se hiciese creíble). A veces venía en esos truenos que no tienen piedad, otras cuando creíamos que nos habían pescado in fraganti, y otras, cuando ya grandes, caminamos alguna calle oscura que parecía ir convirtiéndose en una jungla de monstruos a nuestra espalda a medida que la íbamos caminando (y en la que jamás nos volveríamos a mirar el recorrido hecho, por temor a comprobarlo). 

Lo importante es saber que el Hombre de la Bolsa que asusta a los chicos (y los grandes que jamás lo admitiríamos), no es el único hombre de la bolsa que existe. Y como si esto no alcanzase, tampoco es el único hombre con bolsa que asusta.  En el texto que sigue, Groucho Marx nos cuenta cómo eran los de su tiempo, con los que podríamos utilizar el mismo criterio que usamos para el que asociamos con el cuco, y dejarlos a todos, condensados en la idea genérica de El Hombre de la Bolsa. Suspendamos el efecto amedrentador por un momento, y dejemos que Groucho nos cuente, a su manera, como los especialistas en especulación fueron alimentando la gran bomba, hasta que ella se cansó y les explotó en la falda ese martes negro.




Cómo fui Protagonista de las Locuras de 1929.
Por Groucho Marx.


Muy pronto un negocio mucho mas atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntito llamado mercado de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926. Constituyó una sorpresa agradable descubrir que era un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero ¿Quien lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a 30 cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor. Mi sueldo semanal en 'Los Cuatro Cocos' era de unos U$S 2000, pero esto era una changuita en comparación con la guita que ganaba teóricamente en Wall Street. Disfrutaba trabajando en la revista pero el salario me interesaba muy poco. Aceptaba de todo el mundo confidencias sobre el mercado de valores. Ahora cuesta creerlo pero incidentes como el que sigue eran corrientes en aquellos días. Subí a un ascensor del hotel Copley Plaza en Boston. El ascensorista me reconoció y dijo:
-Hace un ratito han subido dos individuos, señor Marx, sabe? Peces gordos, de verdad. Vestían americanas cruzadas y llevaban claveles en las solapas. Hablaban del mercado de valores y, créame amigo, tenían aspecto de saber lo que decían. No se han figurado que yo estaba escuchándoles pero cuando manejo el ascensor siempre tengo el oído atento. No voy a pasarme toda la vida haciendo subir y bajar uno de estos cajones! El caso es que oí que uno de los individuos decía al otro: "Ponga todo el dinero que pueda obtener en United Corporation".
-¿Cómo se llaman esas acciones? -pregunté. Me lanzó una mirada burlona.
-¿Que pasa, mi amigo? ¿Tiene algo en las orejas que no le funciona bien? Ya se lo he dicho. El hombre ha mencionado la United Corporation...
Le di U$S 5 y corrí hacia la habitación de Harpo. Le informé inmediatamente acerca de esta mina de oro en potencia con que me había tropezado en el ascensor. Harpo acababa de desayunar y todavía estaba con su bata.
-En el vestíbulo de este hotel están las oficinas de un agente de Bolsa -dijo- . Espera a que me vista y correremos a comprar estas acciones antes de que se esparza la noticia.
-Harpo -dije- ¿estas loco? ¡Si esperamos hasta que te hayas vestido, estas acciones pueden subir diez enteros!. De modo que con mis ropas de calle y Harpo en bata, corrimos hacia el vestíbulo, entramos en el despacho del agente y en un santiamén compramos acciones de la United Corporation por U$S 160.000, con un margen del 25%.

Para los pocos afortunados que no se arruinaron en 1929 y que no estén familiarizados con Wall Street, permítanme explicar lo que significa ese margen del 25%. Por ejemplo, si uno compraba 80.000 dólares de acciones, solo tenia que pagar en efectivo U$S 20.000. El resto se le quedaba a deber al agente. Era, como robar dinero. 

El miércoles por la tarde, en Broadway, Chico encontró a un habitual de Wall Street, que le susurró:

-Chico, ahora vengo de Wall Street y allí no se habla de otra cosa que de Cobre Anaconda. Se vende a U$S 138 cada acción y se rumorea que llegará  hasta los U$S 500. ¡Cómpralas antes de que sea demasiado tarde! Lo se de muy buena fuente. Chico corrió inmediatamente hacia el teatro con la noticia de esta oportunidad. Era una función de tarde y retrasamos treinta minutos el alzamiento del telón hasta que nuestro agente nos aseguró que habíamos tenido la fortuna de conseguir 600 acciones. ¡Estábamos entusiasmados! Chico, Harpo y yo éramos cada uno propietario de 200 acciones de estos valores que rezumaban oro. El agente incluso nos felicitó: -No ocurre a menudo que alguien entre con tan buen pie en una compañía como Anaconda. 

El mercado siguió subiendo y subiendo. Cuando estábamos de gira, Max Gordon, el productor teatral, solía ponerme una conferencia telefónica cada mañana desde New York, sólo para informarme de la cotización del mercado y de sus predicciones para el día. Dichos augurios nunca variaban. Siempre eran "arriba, arriba, arriba". Hasta entonces yo no había imaginado que se pudiera hacerse rico sin trabajar. Max me llamó una mañana y me aconsejó que comprara unos valores llamados Auburn. Eran de una compañía de automóviles ahora inexistente.
-Marx -dijo- es una gran oportunidad. Pegará más saltos que un canguro. Cómpralo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Luego añadió: -¡Por qué no abandonas ´Los Cuatro Cocos' y olvidas esos miserables U$S 2000 semanales que ganas? Son calderilla. Tal como manejas tus finanzas, aseguraría que puedes ganar más dinero en una hora, instalado en el despacho de un agente de valores, que los que puedes obtener haciendo 8 funciones semanales en Broadway.
-Max -contesté- no hay duda de que tu consejo es sensacional. Pero al fin y al cabo tengo ciertas obligaciones con Kaufman, Ryskind, Irving Berlin y con mi productor, Sam Harris (lo que por entonces no sabía era que Kaufman, Ryskind, Berlin y Harris compraban también con margen y que finalmente iban a ser aniquilados por sus asesores financieros). Sin embargo, por consejo de Max, llamé inmediatamente a mi agente y le instruí para que me comprara 500 acciones de la Auburn Motor Company.

Pocas semanas mas tarde, me encontraba paseando por los terrenos de un club de campo con el señor Gordon. Grandes y costosos cigarros habanos colgaban de nuestros labios. El mundo era una delicia y el cielo asomaba en los ojos de Max (y también unos símbolos de dólar). El día anterior las Auburn habían pegado un salto de 38 enteros. Me volví hacia mi compañero de golf y dije: -Max ¿cuanto tiempo durara esto? -Max repuso, utilizando una frase de Al Jolson: -Hermano, ¡todavía no has visto nada! Lo más sorprendente del mercado, en 1929, era que nadie vendía una sola acción: todo el mundo las compraba sin cesar.


Un día, con cierta timidez, hable a mi agente en Great Neck acerca de este fenómeno especulativo.
-No se gran cosa sobre Wall Street -empecé a decir en tono de disculpa-, pero ¿qué es lo que hace que esas acciones sigan ascendiendo? ¿No debería haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones?. Por encima de mi cabeza, miró a una nueva víctima que acababa de entrar en su despacho y dijo:
-Señor Marx, tiene mucho que aprender acerca del mercado de valores. Lo que usted no sabe respecto a las acciones serviría para escribir un libro.
-Oiga, buen hombre -repliqué-. He venido aquí en busca de consejo. Si no sabe usted hablar con cortesía, hay otros que tendrán mucho gusto en encargarse de mis asuntos. Y ahora, ¿qué estaba usted diciendo? Adecuadamente castigado y amansado, respondió:
-Señor Marx, tal vez no se dé cuenta, pero éste ha dejado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos órdenes de compra de todos los países de Europa, de América del Sur e incluso de Oriente. Esta mañana hemos recibido de la India un encargo para comprar 1000 acciones de tuberías Crane. Con cierto cansancio, pregunté:
-¿Cree que es una buena compra? 
-No hay otra mejor -me contestó-. Si hay algo que todos hemos de usar son las tuberías (se me ocurrieron otras cuantas cosas más, pero no estaba seguro de que aparecieren en las listas de cotizaciones.)
-Eso es ridículo -dije-. Tengo varios amigos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan las tuberías.- Solté una carcajada para celebrar mi salida, pero él permaneció muy serio, de modo que proseguí-. ¿Dice usted que desde la India le envían órdenes de compra de tuberías Crane? Hummm. Si en la lejana India piden tuberías, deben de saber algo sensacional. Apúnteme para 200 acciones; no, mejor aún, que sean 300. 
Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero, al igual que todos los demás tipos, era avaricioso. Lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba a doblar su valor en pocos meses. En los diarios actuales leo con frecuencia artículos relativos a espectadores que se quejan de haber pagado hasta U$S 100 por dos entradas para ver My Fair Lady -personalmente, opino que vale esos U$S100-…

Bueno, una vez pagué U$S 138.000 por ver a Eddie Cantor en el Palace. Todos sabemos que Eddie es un cómico estupendo. Incluso él lo reconoce sin ningún inconveniente. Tenía una revista maravillosa. Cantaba Margie Ahora es el Momento de Enamorarse y Si Conociesen a Sussie. Mataba de risa al público con sus bromas características, y terminaba cantando Whoope. En resumen, era un exitazo. Tenía ese algo magnético que hace destacar a una estrella del montón anónimo. Cantor era vecino mío en Great Neck. Como era viejo amigo suyo, cuando terminó la  representación fui a verle a su camerino. Eddie es un conversador muy persuasivo, y antes de que yo pudiera decirle lo mucho que había disfrutado con su actuación, me hizo sentar, cerró rápidamente la puerta, miró a su alrededor para cerciorarse de que nadie le escuchaba y dijo: -¡Groucho, te adoro! No había nada de peculiar en aquel saludo. Así es como la gente del teatro habla entre sí. En el teatro existe una ley no escrita respecto a que cuando dos personas se encuentran (actor y actriz, actriz y actriz, actor y actor, o cualquier otra de las variaciones y desviaciones del sexo) deben evitar cuidadosamente los saludos habituales de la gente normal. En cambio, deben abrumarse mutuamente con frases de cariño que, en otros sectores de la sociedad, suelen estar reservadas para el dormitorio.

-Encanto -prosiguió Cantor- ¿qué te ha parecido mi espectáculo? Miré hacia atrás, suponiendo que habría entrado alguna muchacha. Desdichadamente, no era así, y comprendí que se dirigía a mí.
-Eddie, cariño -contesté con entusiasmo verdadero- ¡has estado soberbio! Me disponía a lanzarle unos cuantos piropos más cuando me miró afectuosamente con aquellos ojos grandes y brillantes, apoyó las manos en mis hombros y dijo: -Guapo ¿tienes algunas Goldman-Sachs?
-Dulzura -respondí (a este juego pueden jugar dos)-, no sólo no tengo ninguna, sino que nunca he oído hablar de ellas. ¿Qué es Goldman-Sachs? ¿Una marca de harina? Me cogió por ambas solapas y me atrajo hacia sí. Por un momento pensé que iba a besarme.

-¡No me digas que nunca has oído hablar de las Goldman-Sachs! -exclamó  incrédulamente-. Es la compañía de inversiones más sensacional de todo el mercado de valores. Luego consultó su reloj y dijo:

-Hum. Hoy es demasiado tarde. La Bolsa está ya cerrada. Pero, mañana por la mañana, muchacho, lo primero que tienes que hacer es coger el sombrero y correr al despacho de tu agente para comprar 200 acciones de Goldman-Sachs. Creo que hoy ha cerrado a 156... ¡y a 156 es un robo! Luego Eddie me palmoteó una mejilla, yo le palmoteé la suya y me fui... 
¡Amigo! ¡Qué contento estaba de haber ido a ver a Cantor a su camerino! Imaginate, si no llego a ir aquella noche al teatro Palace, no hubiese tenido aquella confidencia. A la mañana siguiente, antes del desayuno, corrí al despacho del agente en el momento que se abría la Bolsa. Aflojé el 25% de U$S 38.000 y me convertí en afortunado propietario de 200 acciones de la Goldman-Sachs, la mejor compañía de inversiones de América. Entonces empecé a pasarme las mañanas instalado en el despacho de un agente de Bolsa, contemplando un gran cuadro mural lleno de signos que no entendía. A no ser que llegara temprano, ni siquiera me era posible entrar. 
Muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Brodway. Parecía que casi todos mis conocidos se interesaran por el mercado de valores. La mayoría de las conversaciones sólo hablaban de la cantidad que tal o cual valor habían subido la semana pasada, o cosas similares. El plomero, el carnicero, el panadero, el hombre del hielo, todos anhelantes de hacerse ricos, arrojaban sus mezquinos salarios -y en muchos casos, los ahorros de toda la vida- en Wall Street. 

Ocasionalmente, el mercado flaqueaba, pero muy pronto se liberaba de la resistencia que ofrecían los prudentes y sensatos, y proseguía su continua ascensión. De vez en cuando algún profeta financiero publicaba un artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe bajar. Pero apenas si nadie prestaba atención a estos precavidos tontos y a sus palabras idiotas de cautela. Incluso Barney Baruch, el Sócrates de Central Park y mago financiero americano, lanzó una llamada de advertencia. No recuerdo su frase exacta, pero venía a ser así: "Cuando el mercado de valores se convierte en noticia de primera página, ha llegado la hora de retirarse".

Yo no estaba presente en la Fiebre del Oro del 49. Me refiero a 1849. Pero imagino que esa fiebre fue muy parecida a la que ahora infectaba a todo el país. El presidente Hoover estaba pescando y el resto del gobierno federal parecía completamente ajeno a lo que sucedía. No estoy seguro que hubiesen conseguido algo aunque lo hubieran intentado, pero en todo caso el mercado se deslizó alegremente hacia su perdición. Un día concreto, el mercado empezó a vacilar. Unos cuantos de los clientes más nerviosos cayeron presas del pánico y empezaron a descargarse. Eso ocurrió hace casi treinta años y no recuerdo las diversas fases de la catástrofe que caía sobre nosotros, pero así como al principio del auge todo el mundo quería comprar, al empezar el pánico todo el mundo quiso vender. Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus acciones, que por entonces sólo tenían el nombre de tales.

Luego el pánico alcanzó a los agentes de bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando los márgenes adicionales. Esta era una broma pesada, porque la mayor parte de los accionistas se habían quedado sin dinero, y los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el banco. Para evitar que vendieran mi efectivo empecé a firmar cheques febrilmente, para cubrir los márgenes que desaparecían rápidamente. Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y se derrumbó. Eso de la toalla es una frase adecuada, porque por entonces todo el país estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron U$S 240.000 (o 120 semanas de trabajo, a U$S 2000 por semana) Hubiese perdido más, pero ese era todo el dinero que tenía. 

El día del hundimiento final, mi amigo, antaño asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde New York. En cinco palabras, lanzó una afirmación que, con el tiempo, creo que ha de compararse con las citas más memorables de la historia americana. Me refiero a citas tan imperecederas como "No abandonéis el barco", o "No disparéis hasta que veáis el blanco de sus ojos", "¡Dadme la libertad o la muerte!", y "Sólo tengo una vida que dar por la patria". Estas palabras caen en una insignificancia relativa al ponerlas junto a la frase del famoso Max. Pero charlatán por naturaleza, esta vez ignoró incluso el tradicional hola. Todo lo que dijo fue:



"¡Marx, la broma ha terminado!"



Antes de que yo pudiese contestar, el teléfono se había quedado mudo. En toda la bazofia escrita por los analistas de mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas cinco palabras lo dijo todo. Desde luego, la broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía. Si mi agente hubiese empezado a vender mis acciones cuando empezaron a tambalearse, hubiese salvado una verdadera fortuna. Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del banco para cubrir los márgenes que desaparecían rápidamente. Las acciones de Cobre Anaconda (recuerda que retrasamos treinta minutos la subida del telón para comprarlas) se fundieron como las nieves del Kilimanjaro (¡no creas que no he leído a Hemingway!), y finalmente se estabilizaron a U$S 2,78. La confidencia del ascensorista de Boston respecto a la United Corporation se saldó a U$S 3,12 ¡Las habíamos comprado a U$S 60! La función de Cantor en el Palace fue magnífica y de tanta calidad como cualquier actuación en Broadway. Pero ¿Goldman-Sachs a U$S 56? Eddie, cariño ¿cómo pudiste? Durante la máxima depresión del mercado, podía comprárselas a un U$S 1 cada una. El ir a la ruina financiera no constituyó una pérdida total.

A cambio de mis U$S 240.000 obtuve un insomnio galopante, y en mi círculo social ese insomnio empezó a sustituir al mercado de valores como principal tema de conversación…







Restan sólo dos comentarios: el primero, que todos los destacados son míos. Y el segundo, que cualquier semejaza con lo acontecido hace unos pocos años, y lo que vuelva a pasar dentro de otros tantos, es mera casualidad... Sin excepción: no insista.




15/05/2011

Es Palabra de Bart Simpson II

Aquí va la segunda parte de las enseñanzas bartianas para una vida digna de todo pequeño demonio, que se precie de tal. Estas dos secciones me parecieron las más graciosas. La primera, tiene que ver con una encuesta oficial de Bartolomeo Simpson acerca de dónde vienen los bebés. La segunda, enumera modos de volver locos a los padres (alguno practicado en mi caso, y temido en la actualidad, ahora que me encuentro del otro lado del mostrador...). Vean si no son simpáticos:


¿De dónde vienen los bebés?

Marge: 'eeee... espera a que vuelva tu padre y él te lo explicará'.
Milhouse: 'los hacen los pequeños elfos felicies en el Polo Norte'.
Edna: 'Maridos ineptos se los dan a sus jóvenes ý núbiles secretarias. Los mejores años de mi vida echados en el retrete y ahora juega a papás y mamás con esa bollycao de su secretario. ¿Satisfecho?'
Ralph (el hijo del policía regordete): 'Mis padres me han contado que me eligieron en un catálogo de venta por correspondencia'.
Todd Flanders: 'No estoy seguro, pero puedes irte al infierno por hacerme esa pregunta.
Willie: 'Vuélveme a hacer esta pregunta muchachito, te verás realizando tu pequeña encuesta desde el fondo de un pozo'.
Barney: 'Oh, Dios mío! Estoy embarazado de nuevo?'
Moe: 'No te preocupes, Barney. Haré un hombre de ti'.
Lisa: 'Se que tú eres el resultado de un experimento biogenético que salió mal. Pero mamá y papá me hicieron jurar que guardaría el secreto, así que si se los preguntas, se negarán'.
Kent Brockman: '¿Bebés? Bebés... vamos a ver... hmmm... ¿por qué no le preguntas a aquél estudiante universitario?'
Krusty: 'Debido a la gran cantidad de cartas recibidas por Krusty, sentimos decirte que no puede contestar a tu pregunta. ¡No se pierdan el programa, chicos!
Nelson: 'A juzgar por tu aspecto, yo diría que del zoológico! Joa-Joa!'
Abuelo Simpson: '¿Rabia? Ponte esta cataplasma de mostaza en el pecho en seguida te sentirás mejor'.
Homero: 'Ve a preguntarle a tu madre'.



Cómo Volver Locos a los Padres:

En el Coche:
-No ir al baño antes de salir de viaje.
-Preguntar '¿Ya llegamos?' cada 30 segundos.
-Espera a que estén en un tramo de autopista desolado, y diles que te mueres de hambre.
-Gime.
-Empieza una competición con tu hermanita a ver quién puede chillar con voz más aguda.
-Expresa tu malhumor mediante escupitajos, sollozos, malas caras y aullidos.

En la Iglesia:
-Aplaude el sermón.
-Retuércete.
-Haz garabatos en el misal.
-Cuando pasen la bandeja, róbate unas monedas.
-Impaciéntate.
-Si el sacerdote te mira, sácale la lengua.
-Bosteza.
-Duérmete.
-Ahora, ronca.
-Eructa con fuerza en la homilía.
-Mira fijo a quienes están en el banco posterior al tuyo.

En el Supermercado:
-Mete furtivamente artículos en su carro de compra (latas de conserva, uñas postizas, etc.)
-Di que te has perdido y haz que llamen por los altavoces a tu mamá.
-Haz malabarismos con los huevos más caros.
-Lame la fruta.
-Cómete todo lo que puedas antes de llegar a la caja.
-Exige sentarte en el carrito.
-Saquea las cajas de cereales -y demás- y quédate con los premios.
-Intenta quitar la lata de abajo de la gran pirámide de conservas.

En el Restaurant de Moda:
-Pide un almohadón para tu silla.
-Llama 'garcon' al mozo.
-Átate la servilleta a la cabeza.
-Come con los dedos.
-Pide saludar al chef.
-Come sól unos bocados  deja la comida diciendo que te duele la panza.
-Pide que te cambien el agua alegando que no está lo bastante fría.
-Si tus padres no te dejan pedir postres, dales una rabieta.

SIEMPRE:
DILE A TUS PADRES QUE LES QUIERES TANTO, TANTO, QUE NUNCA, NUNCA, TE IRÁS DE TU CASA.



Esos fueron los mejores consejos de Bart (dignos de él mismo, claro)...


Y por cierto, dividir este post en dos partes, fue de las ideas menos cómodas que he tomado en este blog (así que descarto, de aquí en adelante, cualquier corrección en el arte de bloguear).







Es Palabra de Bart Simpson.

Ese curioso niño, que si no fuese amarillo, tuviese cuatro dedos y nueve picos por cabellera, sería un ser humano con piel rosada, cinco dedos y con cabello (que podría estar comenzando a desertar de la batalla, dado que ya se acercaría a la treintena); tendría como nombre de pila un simple 'Matt' y con su apellido, Groening, completaría el titular de una gran fortuna hecha a costa de la vida de esa familia tan, tan, pero tan imperfecta como The Simpson (y como todas las demás familias existentes, aunque no tan televisadas, claro...). Entre todo el maremagnum de merchandising que estos dibujos han generado, hace más de una década, salió una guía para la vida, escrita por este pequeño demonio, y que, aún cuando está destinada a preadolescentes y adolescentes, al igual que con la mayoría de los dibujos animados o películas de animación  destinadas a niños (como videojuegos y juguetes, en casos más graves que el mío) también la leímos algunos adultos. Vale decir que tiene cosas graciosas y otras simpáticas e interesantes -a un mismo tiempo-. Unas pocas de ellas son sus consejos, como:


Preguntas Irritantes para tu Profe:
¿Cómo podemos saber que el cielo no es en realidad verde y nosotros somos daltónicos?
Lo que nos enseñan, ¿sirve para algo en la vida real?
¿Por qué somos amarillos?
Preguntas para Incordiar a tu Profesor de Religión:
¿Por qué existe el sufrimiento?
Si existe la vida en otros planetas ¿Hay alienígenas en el Cielo?
¿Está el Hombre de Neanderthal en el Cielo?
¿No cree que la dicha eterna, con el tiempo, debe acabar haciéndose aburrida?
Si contara un chiste muy, muy bueno, ¿podría hacer reír a Dios?

Cielo (Todd, uno de los hijos de Flanders) contra Infierno (Bart): ¿Qué es mejor?
Bart: Bandas de rock duro.
El Hijo de Flanders: Coros angelicales.
Bart: No tener que ver nunca más a la abuelita.
El Hijo de Flanders: Ver de nuevo a la abuelita.
Bart: Pica y rasca.
El Hijo de Flanders: Todas las pequeñas criaturas de Dios.
Bart: Dr. Frankenstein
El Hijo de Flanders: Dr. Seuss
Bart: Gaitas chirriantes.
El Hijo de Flanders: Paz y tranquilidad.
Bart: Gigantezcas lenguas de fuego.
El Hijo de Flanders: Una gran sección de no-fumadores.
Bart: Telefilmes.
El Hijo de Flanders: Visiones celestiales.
Bart: Ningún orden.
El Hijo de Flanders: El orden celestial de las cosas.
Bart: Negras mortajas.
El Hijo de Flanders: Nubes esponjosas.
Bart: Interminables solos en batería.
El Hijo de Flanders: Dicha eterna.
Bart: Fuego y azufre.
El Hijo de Flanders: Leche y miel.
Bart: Chicas motoristas tatuadas.
El Hijo de Flanders: Querubines de mejillas sonrojadas.
Bart: Atila, el Rey de los Hunos.
El Hijo de Flanders: Winnie-the-Pooh.
Bart: Fiestas locas.
El Hijo de Flanders: La armoniosa reunión de todas las razas y todas las creencias.  


La Vieja estrategia del 'agujero en el balde' (a colación del arte de no hacer nada, y evitar que [tu] Homero te mande a hacer algo en la casa):


Homero (enojado, al lado de Bart): -Bart, barre la escalera!
Bart (mirando TV en el sofá): -¿Con qué voy a barrerla?
Homero: -¡Intenta con la escoba!
Bart: -La escoba tiene el palo roto.
Homero: -Pues arréglala!
Bart: -¿Con qué?
Homero: -Prueba con la barra de la cortina.
Bart: -Pero la barra de la cortina es demasiado larga.
Homero: -¡Pues córtala!
Bart: -¿Con qué? 
Homero: -¡Prueba con la sierra!
Bart: -¿Dónde está la sierra?
Homero: -En el garaje.
Bart: -El garaje está hecho un asco.
Homero: -Pues límpialo.
Bart: -¿Y con qué podría limpiarlo?
Homero: -¡Con la escoba!
Bart: -Pero es que la escoba tiene el mango roto.
(repetir, si es necesario, hasta que el padre lo entienda).




Restan dos pasajes más (que me resultaron MUY buenos). Los dejo para un próximo post inmediato, porque los posts largos (uno de los principales defectos de este blog, entre otros), son algo que ya debería comenzar a  mejorar (aún cuando sepa que me olvidaré de ello y nunca lo lograré completamente)...


Dos Detalles Indescriptibles...


Aquí hay algo que falla...
Escribía un post nada bueno -como los demás- pero sin duda sobre obras realmente valiosas, cuando dos detalles de la 'realidad' (=lo que es presentado como ella) se cruzaron por aquí... Lo único bueno, es que dejaré que hablen por sí solas (ahorrando la innecesaria pérdida de tiempo propia y ajena a quienes lean).

El primero, es una publicidad en un canal de TV por cable conocido como Glitz (al que me abono cuando pasan, como hoy, un programa donde puedo escuchar a Jerry Seinfeld y Alec Baldwin -con una chica que hace un buen relleno y un conductor simpático- hablando en un living, sobre situaciones que seguro nada tienen de reales, pero que remiten a problemas cotidianos que muchas veces surgen en la convivencia de pareja... El punto es que en una tanda, enviaron una promoción de un programa que aparentemente se dedica a armar parejas, con una también aparente profesional (de un temible perfil obse, si me permiten la psicología barata por un segundo) que se ocupa de la tarea. La señorona cobra bastante por ello y también se la ve bastante preocupada por lograr su tarea (quiero decir, la unión de dos individuos, no su felicidad, claro está). En alguno de esos 'reportajes' tan usuales en los reality show -donde el protagonista narra sus experiencias a un interlocutor que no  aparece en cuadro y está con la cámara fija a su lado-, la celestina asegura: 'Realmente estoy haciendo, de algún modo, un servicio a la humanidad'.


El segundo detalle, seguramente será 'carne de análisis' para semiólogos... como para cualquier persona que pueda articular la realidad con palabras (que sería, casi la totalidad del género humano). Es el extracto de una nota en un diario argentino de muy baja calidad (específicamente El Día, de la ciudad de La Plata), donde, comentando la situación de una modelo que perdió un embarazo con su pareja -como desgraciadamente le pasa a tantas otras a diario, aunque no salgan en el diario del domingo-, encuentra en ello la ocasión para  narrar la vida de esta señorita. En esa tarea, el inspirado periodista que escribe, hace una afirmación de ofensiva moralidad. Dejo, mejor, hablar a su pluma: '(...) Esa peritonitis, cuando tenía apenas 18 años, le costó algo más que un bebé. Ese día terminó para ella su carrera de tenista (....)'. 


Tal vez lo único bueno de todo esto, es que las dos situaciones son detalles, y todos sobreviviremos a su existencia... Pero qué curioso que en la realidad existan estos meros detalles que -aún cuando absurdos- pueden resultar un parámetro para algunas personas. Y es con esas mismas personas -que no sabemos con certeza quiénes son- tenemos que sobrevivir a diario...




28/04/2011

Titia em Apuros

Tenho lido poucas coisas mais engraçadas do que a que segue aqui. Desconheco completamente o autor. Sei lá de quem ou cadê veio, mas felizmente veio. Nao percam o que acontece com esta velhinha... acredito que alguma vez a gente teve ou terá algum desses momentos e a coitadinha desta estória não ficara tão sozinha na sua desgraça...





'Minha tia Valda, uma robusta senhora de 68 años, gostou de uma camisa pólo que viu na vitrine de uma loja de artigos masculinos. Entrou e pediu para experimentar.
-Infelizmente não temos o seu tamanho nessa cor –respondeu o vendedor, solíto.
Não sei se é uma maldição que persegue nossa familia, mas nunca conseguimos os artigos que nos atraem nas vitrines. Não tem a cor ou não tem o modelo ou não tem o tamanho. Uma ocasião, apaixonei-me por um sapato que vi numa vitrine em Cpacaban. O vendedor fez-me sentar e apareceu com outro modelo (achando que ia me levar na conversa).
-Quero aquele da vitrine!
-Infelizmente –disse ele-, aquele nós só temos um pé!
É ou não é uma maldição? Acontece de tudo para frustrar os desejos de consumo da nossa familia. É inacreditável, um sapato na vitrine sem seu par.Levantei-me e reagi, carregando de indignação:
-O que houve com o outri pé? Venderam para o Saci?
Tia Valda mal iniciou a ação de bater em retirada, e o vendedor logo despejou um monte de camisas á sua frente.
Temos essa verde... essa lilás... essa que chegou agora, cor telha, é a última novidade- foi dizendo o vendedor, abrindo as camisas diante de titia. – A senhora deve ficar muito bem de lilás. Tia Valda preferiu a preta. Pegou a camisa e viu a letra P na etiqueta. Perguntou se não tinha M. Não tinha, mas para não perder a comissão, o vnededor preferiu dizer que P era tamnho da titia. Qualquer vesgo verificaria que tia Valda, com seu corpo de halterofilista búlgara, não caberia dentro daquela camisa. O vendedor, porém, veio com a conversa de que o fabricante fazia números maiores e coisa e tal. Titia acreditou e se enfiou no cubiculo de experimentar roupas, que só não se confunde com uma solitária porque há uma cortina no lugar das grades. Vestiu a camisa, constatou que o P significava P mesmo; e, no momento de retirá-la, ela ficou presa no meio do caminho, cobrindo a cabeça de tita. Tia Valda ainda insistiu debatendo-se entre as paredes do cobículo, mas a camisa encalhara como um navio num banco do cubículo, mas a camisa encalhara como um navio num banco de areia. Braços erguidos, rosto coberto, tita começou a sentir calor, falta de ar e foi entrando em pánico. Para não sair da cabine ás cegas feito um boi.bumbá, resolveu gritar. Mas gritar o qué? Nunca tinha estado numa situacão dessas. O que gritar quando se luta desesperadamente com uma camisa? Sem se lembrar de nada em especial, encheu os pulmões e berrou:
-Socorro! Socorro!
Era de ver: a loja inteira se despençou na direção da cabine, vendedores, fregueses, até a moça do caixa foi atrás. Não se podia pensar num assalto: não cabem duas pessoas nessas cabines. Talvez uma barata. O vendedor que a atendia puxou a cortina e surgiu ta Valda, braços levantados, cabeça coberta, rodopiando feito uma vaca brava.
- Momentinho – pediu o vendedor-, fique calma que nós vamos ajudá-la.
Ele tentou puxar a camisa, mas a essa altura tua Valda tinha o corpo empapado de suor e a camisa resistia mais do que um burro empacado.
- Eu puxo aqui e você puxa dai – disse para o gerente. Os dois se esforçavam, mas a cada puxão a velha ia junto com a camisa.
-Alguém ai, por favor, segure a madame –pediu o vendedor, recobrendo de pronto a colaboraçao de vários voluntários. Tia Valda bufava no meio daquele sufoco e estava vendo a hora que iriam lhe arrebentar o sutiã. Na sua idade já não se sentia á vontade para fazer um topless numa lojade artigos masculinos.
-Por que não cortam essa camisa?- perguntou alguém do grupo de voluntários que seguia cambaleando pela loja, empencado em Tia Valda.
-Não precisa cortar, nós vamos dar um jeitinho – disse o vendedor, que já suava mais que titia e não queria pagar a camisa.
A essa altura, já havia uma multidão á porta da loja assitindo á cena. Muita gente não entendia o que se passava, ao ver um grupo de homens agarrados a uma senhora de braços erguidos, entalada por uma camisa. Uma velinha, na porta, imaginou, com toda razão, que o grupo estava querendo despir tia Valda para violentá-la na loja, e resmungou:
-Esses vendedores são uns tarados!
A confusão aumentava. Tia Valda, camisa grudada no corpo, pedia que chamassen o Corpo de Bombeiros. Alguém sugeriu que sentassem titia.
-Amarrem essa velha numa cadeira!
Depois de muito esforço, a camisa acabou sendo rasgada, para alivio de tia Valda, que arfava como se tivesse passando todo esse tempo debaixo d´água. Ela agradeceu os aplausos e voltou á cabine para se recompor. No momento em que abotoava a blusa, viu um braço varando a cortina do cubículo. Era o vendedor, entregando-lhe uma camisa dizendo:
-A senhora não gostaria de experimentar este outro modelo?'





22/04/2011

Test sólo para Hombres (¡SÓLO para hombres!)

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AVISO: Este test no tiene validez alguna en féminas (salvo que esa lectura se motive y acabe, en la mera curiosidad). No pierda su tiempo.
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Evaluados: Si alguna se ha preguntado qué iba a ser de su vida en aspectos amorosos, he aquí su respuesta. El procedimiento es relativamente corto, pero la sentencia es realmente sintética. Esto es lo que hace promisorio someterse a este test y así conocer su situación. Además de ello, podrá olvidarse de esa recurrente pregunta y dedicarse a ejercer su condición de una vez por todas. 

Además (y nunca lo olvide)
que el tiempo juega en su contra. 
Procedimiento: Tras leer el siguiente párrafo, evalúe si se describe alguna ocasión en su vida en el pasado, el presente o -sospecha- futura. El resultado de este ejercicio identificatorio, puede encontrarlo al final de estas líneas, en unas poquísimas palabras.

'La mígala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye. El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada. Unos días más tarde volví para comprar la mígala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres. La noche memorable en que solté a la mígala en mi departamento y la vi correr como un cangrejo y ocultarse bajo un mueble, ha sido el principio de una vida indescriptible. Desde entonces, cada uno de los instantes de que dispongo ha sido recorrido por los pasos de la araña, que llena la casa con su presencia invisible. Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la aralia sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de entraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona. Hay días en que pienso que la mígala ha desaparecido, que se ha extraviado o que ha muerto. Pero no hago nada para comprobarlo. Dejo siempre que el azar me vuelva a poner frente a ella, al salir del baño, o mientras me desvisto para echarme en la cama. A veces el silencio de la noche me trae el eco de sus pasos, que he aprendido a oír, aunque sé que son imperceptibles. Muchos días encuentro intacto el alimento que he dejado la víspera. Cuando desaparece, no sé si lo ha devorado la mígala o algún otro inocente huésped de la casa. He llegado a pensar también que acaso estoy siendo víctima de una superchería y que me hallo a merced de una falsa mígala. Tal vez el saltimbanqui me ha engañado, haciéndome pagar un alto precio por un inofensivo y repugnante escarabajo. Pero en realidad esto no tiene importancia, porque yo he consagrado a la mígala con la certeza de mi muerte aplazada. En las horas más agudas del insomnio, cuando me pierdo en conjeturas y nada me tranquiliza, suele visitarme la mígala. Se pasea embrolladamente por el cuarto y trata de subir con torpeza a las paredes. Se detiene, levanta su cabeza y mueve los palpos. Parece husmear, agitada, un invisible compañero. Entonces, estremecido en mi soledad, acorralado por el pequeño monstruo, recuerdo que en otro tiempo yo soñaba con Beatriz y en su compañía imposible'. ("La Mígala" de Juan José Arreola)*



Resultado: Si ha encontrado posibilidades de identificarse con el protagonista, su condición es definitiva (y reconocemos, a su favor, que mucho más sencilla de indicar que de padecer): su vida amorosa está centrada en lograr que usted sufra, experimentando recurrentes momentos de incompletitud, como en la imposibilidad de concretar lo que usted [se cree que] busca. Tómelo así y asúmase. La vida se facilita considerablemente luego de ello.






* Los destacados se utilizaron con el único fin de facilitar la tarea al evaluado mientras se somete a su prueba.