Shakespeer y Shakespeare.


Shakespeer
acontece en un cruce improbable de dos sentidos.

El primero, en la unión de dos palabras: shake [-up] (sacudir, agitar, remover bruscamente; debilitar, desalentar... pero también zafarse, liberarse). Y peer que, en una de sus acepciones señala a quienes son pares en un grupo (por edad, posición social y/o habilidades) y en laotra acepción describe la posesión de título nobiliario en el Reino Unido (esto incluye a quienes alcanzan honor de
Lord y por eso su lugar en la Cámara).

El segundo sentido es más intuitivo: la similitud fonética con el apellido del genial William, quien conocía varios (más) de los vericuetos del corazón humano.


En ese cruce breve, en ese chispazo más que improbable, en ese enlace natural, se despliega este blog.


20/12/2012

Sin título (XXVIII)

Dentro de un momento, con la primera estrella, caerá la noche sobre la escena del mundo. Los resplandecientes dioses del día tornarán a su muerte cotidiana. Pero otros dioses vendrán.


Albert Camus.




Jodida Realidad.

Cuanto más ves, menos sabes. 
En una película maravillosa (The Man Who Wasn't There, Joel Cohen, 2001) donde se cuestiona permanente y consistentemente el acceso a la verdad en la vida cotidiana, un abogado cínico, pedante y muy poco distinguido (tal vez por esa misma manera de ser), nos muestra cuán elusiva puede volverse la realidad... Pero no lo hace del modo previsible (mostrándonos -una vez más-, la distancia entre la ley y la justicia, la potencia de los artilugios legales y la cantidad determinante de performance que tiene un juicio oral). 

Pongamos el film en un mapa imaginario que nos permita conocer su escenario de fondo y lo que de él quiero rescatar. La historia muestra los diversos equívocos a la hora de reconstruir un hecho. En este caso, un asesinato. Pero no conforme con eso, también se da el lujo de jaquear todas las manifestaciones de 'la verdad': el pasado heroico de uno de sus personajes, la acusación de la autoria material de un crimen, la reconstrucción que hace la justicia de lo ocurrido, el modo en que se explica lo sucedido la esposa de la víctima (una incursión de OVNIs), entre otros equívocos a los que los protagonistas están sujetos pero no pueden sobreponerse.

En algunas narraciones (sea que estén construidas con palabras, imágenes, notas musicales, objetos o  sonidos) existe un personaje que reproduce de manera condensada el mensaje más profundo de esa historia. Aquí, es el inefable Freddy Riedenschneider, abogado exitoso que no se permite perder un caso. Técnicamente, Freddy explica lo que se conoce como principio de incertidumbre (y que ha sido ilustrado con el experimento del Gato de Schrödinger)... pero no importa. No nos ocuparemos de lo que ese principio significa para la fisica cuántica... Aquí lo transpondremos, sencillamente, al conocimiento de la realidad misma. Nuestro vector será el parlamento de Riedenschneider (... quién diría que ese hombre tan vulgar pero enriquecido, suturaría uno de los asuntos más complejos del conocimiento físico teórico y lo arrojaría hacia la realidad... ¿o soy yo la que en realidad lo está haciendo? En fin. No importa. Avancemos).


Empecemos por el final. He aquí la escena completa:




Pasemos ahora, al texto (**). He colocado primero el producto final (la escena) y luego el guión traducido, porque la primera es un hecho logrado por artistas profesionales y conlleva toda una composición cinematográfico-narrativa donde realmente vale la pena atender las luces y sombras, los planos y las direcciones en que la cámara asesta a los actores... en fin, la escenificación de todos sus componentes. En el caso que sigue (el del guión) simplemente tenemos una mala traducción (propia) y mis torpes destacado en función de la idea que quiero presentar aquí (la poco original transposición de ese principio cuántico a la realidad misma).


(...) "Está este tipo en Alemania, Fritz algo o parecido. O es... tal vez es Werner. No importa... Tiene una teoría. Cuando querés probar algo, tú sabes, cientificamente... cómo gira el planeta alrededor del sol, de qué están hechas las manchas del sol, por qué sale agua de la canilla... bueno, tienes que mirarlo. 

Pero a veces, miras y tu mirada lo cambia. Pero no puedes saber lo que realmente acontece o qué debería haber acontecido si no te movés más allá de tu jodida nariz. 

Entonces, no existe tal cosa como 'qué sucede'. Mirar algo, lo cambia. Ellos lo llaman principio de incertidumbre. Seguro que suena retorcido, pero incluso Einstein dice que estos tipos tienen algo bueno ahí. 

Ciencia. Percepción. Realidad. Duda. Sensata... duda. 

Digo que a veces cuanto más ves, menos realmente sabes. Es un hecho, un hecho probado. En algún sentido, es el único hecho que existe. Este alemancito incluso lo puso en números (...).

Aunque no podemos saber qué pasó realmente. Porque cuanto más miras, menos sabes. Pero la belleza de esto es que... no tenemos que saber. Sólo tenemos que mostrar, maldición, que ellos no lo saben. Gracias a Fritz o Werner o como demonios se llame..." (**) 



He ahí la prueba: Conocer la realidad. Conocerla, sin estar interviniendo en ella al mismo tiempo. Acercarse, sin poner sobre ella algo más que no posee, y que reside en los ojos del observador. Lo peor de todo esto, es que sólo podemos creer que esto es así (o creer lo contrario), porque no podemos comprobarlo. Si lo intentásemos, la prueba misma estaría adulterada por ese mismo principio.


Conocer, una compulsión irresoluble.





___________________________________________

(*) Los subtítulos de la escena y la traducción transcripta responden a distintos criterios de traducción, por lo que pueden no coincidir exactamente.

(**) ..."They got this guy in Germany. Fritz something or other. Or is it... maybe it's Werner. Anyway... He's got this theory. You want to test something, you know, scientifically... how the planet go 'round the sun, what sunspots are made of, why the water comes out of the tap... well, you gotta look at it. But sometimes you look at it... Your looking changes it. You can't know the reality of what happened, or what would have happened, if you hadn't stuck in your own goddamn schnozz. So there is no 'what happened'. Looking at something... changes it. They call it the uncertainty principle. Sure, it sound screwy, but even Einstein says the guy's onto something. Science. Perception. Reality. Doubt. Reasonable... doubt. I'm saying that sometimes the more you look, the less you really know. It's a fact, a proved fact. In... In a way, It's the only fact there is. This heinie even wrote it out in numbers. But we can't know who (...) We can't know what really happened. Because the more you look, the less you know. But the beauty of it is... We don't gotta know. We just gotta show that, god damn it, they don't know. Because of Fritz, or Werner, whatever the hell his name is"...


09/12/2012

Verdad y Verdad.

Todo siempre es múltiple.
La lógica. Esa carta a la que apelamos para legitimar las inconsistencias que decimos o reprochar lo que vemos en los otros (incluyamos ahí a personas, situaciones, intenciones y a la realidad en sí misma)... Lo cierto es que la lógica es también un espacio del conocimiento, y en tanto que tal, un universo. Aquí necesitaremos sólo una pequeñisima porción de ese universo, pequeña pero fundamental, que seguramente acabará por sonarnos más natural que lo que pensamos. La inició el gran Aristóteles (deberíamos pararnos para nombrarlo), nombrandola. Bautizó 'apofántico' a los enunciados que pueden ser considerados como verdaderos o falsos, y con ello los conviertió en el mismísimo objeto de la lógica clásica. En sus lares, las cosas (los enunciados acerca de la realidad) son, o bien verdaderos, o bien falsos. La realidad en sí misma es predicada como verdadera o como falsa. No hay tercera opción: Lo que decimos de ella -quitando las órdenes, las expresiones de deseo o los sentimientos- es verdadero. O falso. Son así o no son así. Y ya.

...el asunto comienza cuando la realidad niega la apofántica. Cuando no se deja poner en términos de verdadero o falso... no quiere, no le interesa. Cuando, simplemente, no es así. Básicamente, porque la realidad es como ella decide sin tomar en cuenta cómo hacemos los seres humanos para comprehenderla con estas poquitas herramientas que nos dimos. La realidad es, nosotros tratamos de ser. La realidad no puede reparar en nuestro cambiante y desprolijo sistema de valores, en nuestras múltiples y enormes ignorancias, en nuestros equívocos. No puede reparar en seres que tienen sólo dos ojos y no tienen otra opción que resignar grandes espacios de la realidad porque simplemente no pueden hacer mucho más con ella...


En algún momento en que las dos opciones se nos hacen pocas, es posible que sea bueno tener en cuenta a Fernando Pessoa (de hecho, lo que aquí transcribo, llegó a mis manos en alguna circunstancia de mi vida en que no podía decidir con taxatividad. Porque ya saben: los libros y las personas no llegan por casualidad a nuestras vidas, obviamente). De Pessoa deberíamos recordar cuando dinamita la apofántica aristotélica y logra que tengamos más que dos modestos ojos... No ya porque nos muestre 'más verdades'. No nos muestra una 'tercera posibilidad' a la verdadera o falsa. Tampoco nos muestra 'varias perspectivas'. No. Nos dice que hay dos verdades. Dos, distintas y verdaderas al mismo tiempo. Y si hay dos, digamos que tenemos la posibilidad de que haya más... 

Lo hace de la manera más simple: "Hoy en la calle encontré, por separado, a dos amigos que se habían enojado mutuamente. Cada uno me contó la historia de por qué se habían enojado. Cada uno me dijo la verdad. Cada uno me contó sus razones. Ambos tenían razón. Uno no veía una cosa y el otro, otra; o que uno veía un lado de las cosas y el otro un lado diferente. No: cada uno veía las cosas exactamente como habían pasado, cada uno las veía con un criterio idéntico al del otro, pero cada uno veía una cosa diferente, y cada uno, en consecuencia, tenía razón. Me dejó confundido esta doble existencia de la verdad." (*)


Válido para cuando nos crucemos en una situación en que no es tan fácil decidir quién es el bueno y el malo, quién tiene razón y quién no, qué o cuáles razones de cada uno son las 'mejores'... En ese momento, no se olviden de Pessoa. No se olviden que el juicio entre el bien y el mal, no es tan fácil como muchos lo ejercen (y si esos muchos lo ejercen con facilidad, no por ello estarán en lo cierto)... La vida no es un Western.









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(*) "Encontrei hoje em ruas, separadamente, dois amigos meus que se haviam zangado um com o outro; cada um me contou a narrativa de por que se haviam zangado. Cada um me disse a verdade. Cada um me contou as suas razoes. Ambos tinham razão. Não era que um via uma coisa e outro outra, ou que um via um lado das coisas e outro um outro lado diferente. Não: cada um via as coisas exatamente como se haviam passado, cada um as via com um critério idêntico ao do outro, mas cada um via uma coisa diferente, e cada um, portanto, tinha razão. Fiquei confuso desta dupla existência da verdade"... ¬Fernando Pessoa, O Livro do Desassossego, 207.

17/11/2012

Una Nota Pasajera sobre la #Identidad

'El hombre no puede re-hacerse a sí mismo sin sufrimiento,
porque él es el mármol y el escultor, al mismo tiempo'.

Es difícil hablar (escribir) sobre algo que no se dice. No ya sobre algo que no se dijo (lo que pudo haber sido el caso de algunas personas), sino de algo que... no se dice: Algo que no se puede verbalizar. Algo que nos sucede con la misma naturalidad que todo eso que confundimos con nuestras certezas, pero que sin embargo, no es posible narrar.

Con esa premisa, estas líneas deberían terminar aquí mismo (escribir sólo es pintar una imagen con palabras). Pero aún cuando haya tenido el privilegio de experimentar y conocer a través de caminos que nada tienen que ver con las palabras, voy a intentar valerme de ellas, haciendo caso omiso de esa natura fallida, caída, que nos espera detrás de su belleza exterior, frecuentemente narcótica.

Lo que llamamos identidad es un devenir en el tiempo. Puede reencauzarse con un dato biográfico preciso o puede virar completamente con una precisión que aporte la biología. En otras palabras, puede variar su camino de un día para otro o ir reacomodándose en un periodo de tiempo. En cualquier caso, se lo admita o no, mucho de su contenido (o lo suficiente) reside sólo en las manos de quien la posee. De su titular por derecho inobjetable. La identidad es -aún cuando manipulada, no reconocida o desconocida- una posesión. Una residencia propia inalienable. Un templo del que no nos pueden echar y que -aún cuando nunca lo hayamos pisado- se mantiene intacto esperando la visita de su inequívoc@ dueñ@.

La identidad no sabe de pasividad. No puede no devenir. No puede no moverse, removerse y conmoverse. Es una energía. Está ahí, presente, aún cuando no lo sepamos. Está ahí, variando con nosotr@s, manteniendo algo intacto y cambiando de forma a cada instante. Es un medio que nos constituye, pero en el que tomamos parte e intervenimos. Es una construcción en el tiempo, que nos mantiene dentro de nosotr@s mism@s. Es un espacio en el tiempo que, si se vive de manera consciente, se podrá disfrutar aparte de poseer. Es una escultura con algunas zonas sutiles, otras descuidadas, y algunas aún salvajes. En el tiempo, las salvajes pueden ser las más sutiles, las descuidadas estar dando cuenta de un orden delicado y las sutiles ser las más prescindibles. La identidad es un cuerpo intangible que no tiene por qué manifestarse a un tiempo: puede revelarse como una intuición completa y acabada, pero no vale menos descubrirlo por etapas, de acuerdo a un cronograma único, que sólo su poseedor@ va descubriendo...

La identidad no es prístina. Tampoco es perfecta (lo perfecto está clausurado: no permite ninguna intervención humana). La identidad no es algo que debemos pensar inmaculado: refleja contradicciones, miedos, retrocesos, avances y apremios. Simulaciones, errores, grandezas, nimiedades alojados en su seno. No permanecen ahí para castigarnos, sólo nos dan la oportunidad de saber quienes fuimos, para poder pensar en quienes seremos.

Desde ya que la identidad no es sólo profunda . Es también superficial y cambiante. Eso no la hace menos importante: sólo la hace más real. Tiene lugar para las contingencias, y no sólo se describe por las características más caras de nuestra personalidad. Ella también contiene nuestra preferencia, en este preciso instante, por un helado de chocolate a uno de vainilla. No vivimos sólo de lo profundo y tampoco vivimos solamente en lo profundo. Saber que tenemos varias 'capas' para vivir esta gran experiencia que es la vida, y que en todas ellas estamos presentes construyendo eso que somos nosotros mismos nos hará ver a nuestra identidad con cotidianeidad, sin una artificiosidad que la haría distante, esquiva.

La identidad es similar a una madeja de lana. Y encontrar la punta del hilo puede tener los caminos más inhóspitos: una casualidad, una cesuda búsqueda, una persona no tan importante en nuestras vidas, un desafío personal o un momento de aburrimiento. Puede construirse a la luz de diferentes circunstancias cotidianas y elegir algunas como las que más la influyen: la laboral, la sentimental, la profesional, la familiar, un hobby. O una combinación de ellas. Puede encontrar espacios que la hacen sentir expansiva, como una adolescente en primavera: el arte, una compañía, un amor, un pasatiempo, un recuerdo, un lugar, una fantasía o una novedad de lo más trivial. Cualquiera de esas circunstancias (y otras que no se me ocurrieron) pueden transformarla en más idéntica a sí misma: allí la identidad se inflama de sí... Pero no se torna peligrosa, porque 'identidad' no es 'ego': ella no es un monito en guardia que se siente herido con facilidad y reacciona desproporcionadamente contra sí mismo... la identidad no se hiere, no se quita, no se aliena. Lo sepamos o no. Y es por eso que ella reside tranquila, activa pero segura. Inquieta e inofensiva.

La identidad es parte del amor que sentimos por nosotros mismos. Reconocer y aceptar nuestra identidad, es el amor que los demás reconocen en nosotros mismos y entregan como un don de gente. El amor y la identidad se asemejan en una idea que alguna vez escuché en boca de Antoine de Saint-Exupèry: Tal vez, amor es el proceso de llevarte suavemente de vuelta a ti misma”. Es por esto que la identidad es un parecido... un parecido a nosotros mismos. 'Identidad' nos hace idénticos... a nosotros mismos. En realidad, es aún más simple: ella es sólo un camino de vuelta a lo que ya somos. Y en ese acto de vuelta, es cuando devenimos en nosotros mismos. Esa vuelta, es en realidad un destino. Esa vuelta es una batalla ganada. Esa vuelta es nuestra afirmación tranquila y segura de que somos eso...: nosotr@s mism@s. Y que, de puro privilegiados que somos, ya nos encontramos.


28/03/2012

Sin titulo (XXVI)



La experiencia es preciada en cualquier empresa humana, pero el problema de bajar un gato de un árbol es nuevo cada vez que ocurre.


François Duffy.







27/03/2012

Los Impronunciables (o Wulffmorgenthaler)

Qué decir de esta dupla... Que son un par de humoristas, es obvio. Que son buenos, no es tan obvio, pero es cierto. Que hacen el humor que muestro acá, es cierto, pero sólo parcialmente: la verdad es que su humor va desde la escatología inimputable a la incorrección política total, pasando por los que rescato aquí: tal vez las tiras más basadas en la paradoja, la bivalencia y demás vicios que padecemos y reproducimos a diario en esta sociedad occidental...

Como sólo trabajan en sueco o inglés, cada una de las tiras tiene su respectiva traducción. Enjoy 'em. Perdón: disfrútenlas.


'Decime, mi vida: quién te mostró los genitales?'

El último intento de José para hacer dinero rápido.
(detrás vende 'Mi alma' - 'Mi integridad' - Mi libertad')

El boliche más de moda del mundo. "Nunca han admitido a una sola persona!"
(cartel) No se acepta a nadie.


Entiendo que existe algo llamado el efecto mariposa, que implica que
mi aleteo debería hacer llover en Japón o algo así. Pero doctor, 

aleteo y aleteo y no pasa nada! Nada! Puede fijarse
 si todo está bien ahí atrás?

La afirmación que conforma la más grandiosa amenaza
 a toda la civilización occidental: Estoy completamente satisfecho
con mi vida, tengo todo lo que necesito... No voy a comprar nada nunca más!

Tierra: encendido - apagado.

Uno de los primeros asesinatos: Tengo el presentimiento que lo que decidimos
como la reacción a esta cuestión va a tener mucho significado para el
futuro de la civilización. ¿Debería ser condenado o celebrado? Luce fascinante,
pero por otro lado también doloroso para el otro tipo...

Jenny metió en el depósito a su familia hasta que pudiese darse cuenta de
su propio potencial interno: 'Cuando sepa quién soy,
les prometo venir y sacarlos. Por los próximos cuatro meses me voy
a España a tomar un curso de modelado de vasijas'.

Sabés que hay un dicho... "Alas grandes, pene pequeño"...


Experimento científico para explicar por qué todas las mujeres encuentran
en hombre horrible tocando la guitarra acústica cerca del fuego a alguien
simplemente irresistible.

Por pura coincidencia Luke y Ricky descubrieron la verdad sobre el Infierno:
Hola, gente! Parecen sorprendidos, pero este lugar no es realmente tan malo
 como todo el mundo piensa... Es caluroso, pero aparte de eso estamos
 pasando un muy buen momento! Realmente cálido!

Si 'El Señor de las Moscas' hubiese sido escrito hoy en día:
Dame la puta caracola!

Cuando Dios no está realmente enfurecido, sino fastidiado:
Ahora escucha, Gerardo. Sos un hombre irritante. Siempre escupes
comida grasosa en remeras recién estrenadas, te comés tus propios mocos,
te has masturbado con 'Toy Story'... Me hace sentir que simplemente he
malgastado mi tiempo haciendo este planeta horrible!

Darwin tuvo que re-evaluar sus teorías cuando presenció a Dios en acción
en el más allá: Y entonces la cosita sólo necesita una oreja aquí...
Es graciosísimo! Heeeheee!

Andrés, qué es eso? Sólo tráenos algo que podamos comer, tonto!

Cómo funciona la democracia: Ustedes pueden haber tenido una educación
distinguida y un alto coeficiente intelectual, pero el resto de nosotros dice que
TODOS saltemos en este lago de lava hirviendo! Ahora, vamos!

Por una casualidad, Ralph abrió una puerta que llevaba a una réplica
 del universo que conocemos pero cabeza-abajo: Ciérrala, estoy muy
tensionada ahora... vamos a almorzar a casa de mi hermana
 y ya estamos retrasados...







23/03/2012

La Trilogía de la Trilogía.


Si es cierto que 'las buenas cosas vienen de a tres' (good things come in three - el equivalente anglosajón del popular no hay dos sin tres), esta trilogía tiene el interés asegurado. No creo que él resida en su fuente (la Trilogía de New York de Paul Auster - una de las pocas obras de ingeniería narrativa que, aún sin fascinarme en términos de la historia, es admirable en su construcción acontecimental...). El verdadero interés de ellas reside en su mismo contenido: no sabríamos decidir cuál es la más inquietante, increíble -aún cuando dicen que alguna está muy cerca de la realidad (la de la viuda de Winchester, por lo menos).

Por eso, en lo que sigue refiramos a esta trilogía: no ya la de Auster, sino la que este post recorta, cual fractal de la fuente originaria. El ejercicio de construir una trilogía de la trilogía, recuerda que en cada objeto encontramos una parte que contiene todas las características del todo, como la repetición insistente de la estructura que la contiene.


i) (...) O la señora Winchester, la viuda del fabricante de rifles, que temía que los espíritus de las personas que habían muerto por dis­paros hechos con los rifles de su marido vinieran a llevarse su alma, y por lo tanto continuamente añadía habitaciones a su casa, creando un monstruoso laberinto de pasillos y escondi­tes, de modo que pudiera dormir en una habitación diferente cada noche y así eludir a los fantasmas. La ironía es que du­rante el terremoto de San Francisco de 1906 quedó atrapada en una de estas habitaciones y estuvo a punto de morir de inanición porque los sirvientes no la encontraban (...)

ii) (...) También está M. M. Bakhtin, el critico y filósofo literario ruso. Durante la invasión alemana de Rusia en la segunda guerra mundial se fumó la única copia de uno de sus manuscritos, un estudio sobre la literatura alemana que tenía la extensión de un libro y le había llevado años escribir. Una por una, cogió las pági­nas del manuscrito y utilizó el papel para liar sus cigarrillos, fumándose cada día un poco más del libro hasta que no quedó nada. Estas historias son verdaderas. También son pa­rábolas quizá, pero significan lo que significan solamente por­que son verdaderas (...).

iii) (...) “En un libro de Peter Freuchen que leí una vez”, escribe Fanshawe, “el famoso explorador del Ártico cuenta que quedó atrapado por una tormenta de nieve en el norte de Groenlan­dia. Solo con sus víveres disminuyendo, decidió construir un iglú y esperar a que amainara la tormenta. Pasaron muchos días. Temeroso, sobre todo, de ser atacado por los lobos -por­que les oía merodear hambrientos junto al tejado de su iglú-, periódicamente salía fuera y cantaba a pleno pulmón para asustarlos. Pero el viento soplaba furiosamente, y por muy alto que cantase, lo único que oía era el viento. Sin embargo, si bien éste era un problema grave, el problema del propio iglú era mucho mayor. Porque Freuchen empezó a notar que las paredes de su pequeño refugio iban gradualmente cerrándose sobre él. Debido a las peculiares condiciones atmosféricas en el exterior, su aliento literalmente congelaba las paredes y con cada respiración éstas se volvían más gruesas y el iglú se hacía más pequeño, hasta que finalmente casi no quedaba espacio para su cuerpo. Ciertamente es aterrador imaginar que tu pro­pia respiración te va metiendo en un ataúd de hielo, en mi opinión, es considerablemente más angustioso que, digamos, El pozo y el péndulo de Poe. Porque en este caso es el hombre mismo el agente de su destrucción y, además, el instrumento de esa destrucción es precisamente lo que necesita para man­tenerse vivo. Porque ciertamente un hombre no puede vivir si no respira. Pero al mismo tiempo no vivirá si respira. Curiosa­mente, no recuerdo cómo consiguió Freuchen escapar de aquella apurada situación. Pero no hace falta decir que escapó. El título del libro, si no recuerdo mal, es Aventura Ártica. Hace muchos años que está agotado (...).




Lo mejor de estas tres historias es una idea que aparece como preludio a todas: unas líneas antes de comenzar a narrar el caso de la señora Winchester, el autor afirma 'piensen en las co­sas que pasan, piensen en cómo estallan las vidas'







Perseguidor y Perseguido.

Si los decálogos sirven de algo, el que sigue podríamos someterlo a un pequeño ejercicio práctico. O analítico (pero no por mero jugueteo intelectual -para decirlo recatadamente-, sino por las profundas revelaciones que produce cuando lo realizamos). La tarea es simple (simplísima): se quita los nombres 'correcaminos' y 'coyote' en las siguientes nueve reglas y se coloca el par de antagonistas que más les guste. Puede ser 'Tweety' y 'Silvestre', 'Estados Unidos' y 'Unión Soviética', 'Perón' y 'Balbín' o 'novio/a' y 'ex novio/a'... 


Las Nueve Reglas del Coyote y el Correcaminos (por Chuck Jones)

1) El Correcaminos jamás le hace algo al Coyote, salvo gritarle 'beep-beep'.
2) Ninguna fuerza exterior daña jamás al Coyote. Sólo lo hace su propia ineptitud o un producto ACME fallado.
3) El Coyote podría parar su persecución en cualquier momento, si no fuese porque es un fanático.
4) El único diálogo es un corte 'beep-beep'.
5) El Correcaminos debe siempre permanecer en el camino, caso contrario no podríamos llamarte 'correcaminos'.
6) Toda la acción se circunscribe al habitar natural de los dos personajes: el desierto del sudoeste estadounidense.
7) Todos los dispositivos, herramientas, armas y artilugios mecánicos deben ser provistos por la corporación ACME.
8) Siempre que sea posible, la gravedad debe ser el principal y más grande enemigo del Coyote.
9) El Coyote siempre debe verse más humillado que lastimado por sus fracasos.



Prueben, prueben. Es un oráculo de respuestas curiosas.




20/02/2012

Sin título (XXV)



"Pienso, luego existo" es el comentario de un intelectual que subestima el dolor de muelas.





Milán Kundera.









10/02/2012

#periodismo #mentir #derecho #dios

Hace no tanto tiempo atrás, con la proliferación de lo que se llama la 'web 2.0' (o 'web social') se empezaron a reconfigurar algunas relaciones entre los individuos. Al principio, sólo se hacían más visibles en su primera persona: alguno escribía en un blog o tenía un perfil en Twitter y podía comentar cosas de su vida cotidiana, como garabatear personajes de ficción, cuanto compartir lo que ya había escrito. En otro momento, a alguien se le ocurrió convocar gente a uno de estos espacios para un asunto determinado: una causa (justa o trivial - quién podría juzgarlo con precisión), un tema de interés o con la deliberada intención de desafiar los medios convencionales de difusión. Y todo ello no fue nada despreciable, sobre todo, porque empezaron a suceder cosas fuera de la virtualidad (o sea, en ese espacio que aún se llama 'realidad'). Luego de ello, algunos medios de comunicación convencionales, comenzaron a mirar a esos lugares donde pasaban cosas y a hacerse eco de ellas, mientras algunas editoriales empezaron a imprimir lo que sucedía en esos lugares en un modo que ya nos era conocido: tinta, tapas y bastante papel.


Entonces la lógica cambió... porque la cosa cambió, claro está.


Cada vez más gente pudo compartir una opinión y hacerla accesible a los demás de manera más veloz, incluso, de lo que antes solían hacerlo periodistas y comunicadores reconocidos -que no siempre llegaban a la inmediatez actual-... por lo que al viejo periodista [el único] habilitado a emitir un comentario acerca de un  hecho, se le sumó un blogger, dos, tres, mil. Y un foro, dos, tres, mil. Y una página pública de Facebook, dos, tres, mil... sin contar los casos de blogueros, foristas y personajes públicos en Facebook que arrastran una considerable mayor cantidad de seguidores que columnistas de carrera en ese espacio tan impresionante que conocemos como 'social media'. Con esto no estoy asegurando que los periodistas sean prescindibles, ni que todos deberían ser desbancados por el ciudadano de a pié. Tampoco aseguro que esa cantidad se traduzca, necesariamente, en calidad. Sólo digo que ahora, eso que antes sabíamos, se torna concreto: quien opina/analiza por gráfica/TV/radio no es necesariamente el que tiene la opinión más acabada acerca de un hecho, ni el que lo contempla en todos los puntos de vista o siquiera, los más interesantes... y por tanto, ahora podemos encontrar excelentes opiniones y comentarios fuera de los medios convencionales. Antes, dar con alguien perspicaz, que nos daba un análisis más valioso de un hecho era un fenómeno acotado -por el contacto físico o bien por el espacio en que ocurría (un congreso académico, una reunión gremial, un evento que nucleara a personas de diferentes extracciones, etc)-, mientras que hoy se hace masivamente accesible y viralmente potenciable.


Todo esto venía al caso de otro fin: quería presentarles un extracto muy rico, escrito por Milán Kundera en su libro 'La Inmortalidad', donde, mucho antes de la web social dice que 'periodista es [aquél] que tiene el derecho de preguntar'... algo que  inmediatamente me hizo pensar en esta reconfiguración del rol del periodista, y que ahora puede ser un oficio ejercido por muchos más de los que lo era antaño... en diferentes formatos, calidades y frecuencias. En otras palabras, el que hoy tiene derecho a preguntar, es todo aquél que tenga acceso a esta gran web 2.0, y por tanto, el sentido del oficio del periodista (sea que se lo ejerza una vez por año, dos o tres veces en un mes o todos los días) es un derecho [más] concreto, y no una bella declaración de principios en una carta fundante de un orden político-social.



El Decimoprimer Mandamiento.

En otros tiempos había un gran nombre que simbolizaba la fama de un periodista: Ernest Hemingway. Toda su obra, su estilo conciso y concreto, tenía sus raíces en los reportajes que enviaba cuando era joven a un periódico de Kansas City. Ser periodista significaba entonces acercarse más que nadie a la realidad, recorrer todos sus rincones ocultos, ensuciarse las manos con ella. Hemingway estaba orgulloso de que sus libros estuvieran tan abajo, junto a la tierra misma, y al mismo tiempo tan alto, en el cielo del arte (...). ¿Quién es, por lo demás, el periodista más memorable de los últimos tiempos? No es Hemingway, quien escribía sobre sus experiencias en las trincheras del frente; no es Orwell, quien pasó un año de su vida con los pobres de París; no es Egon Erwin Kisch, conocedor de las prostitutas de Praga, sino Oriana Falacci, quien entre 1969 y 1972 publicó en el semanario italiano L'Europeo un ciclo de conversaciones con los más famosos políticos de la época. Aquellas conversaciones eran algo más que simples conversaciones; eran duelos. Los poderosos políticos, antes de advertir que se estaban batiendo en condiciones desiguales —porque las preguntas podía hacerlas ella y ellos no— ya se retorcían K.O. sobre la lona del ring.  Aquellos duelos eran el signo de los tiempos: la situación había cambiado. 

El periodista comprendió que lo de hacer preguntas no era simplemente el método de trabajo de un reportero, que realiza sus investigaciones modestamente con una libreta y un lápiz en la mano, sino un modo de ejercer el poderPeriodista no es aquel que pregunta, sino aquel que tiene el sagrado derecho de preguntar, de preguntarle a quien sea lo que sea. ¿Acaso no tenemos todos ese derecho? ¿Y no es acaso la pregunta un puente de comprensión tendido de hombre a hombre? Quizá. Por eso precisaré mi afirmación: el poder del periodista no está basado en el derecho a preguntar, sino en el derecho a exigir respuestas.  


Fíjense bien, por favor, en que Moisés no incluyó entre los diez mandamientos el de «¡No mentirás!». ¡No fue una casualidad! Porque quien dice «¡No mientas!» tiene que decir antes «¡Responde!», y Dios no le dio a nadie el derecho a exigir de otro una respuesta. «¡No mientas!», «¡Di la verdad!», son palabras que un hombre no debería decirle a otro si lo considera un igual. Quizá Dios sea el único en tener derecho a decírselas, pero no tiene ningún motivo para hacerlo porque todo lo sabe y no le hace falta nuestra respuesta. Entre el que da órdenes y el que tiene que obedecerlas no hay una desigualdad tan radical como entre quien tiene derecho a exigir una respuesta y quien tiene la obligación de responder. Por eso el derecho a exigir una respuesta se otorgaba desde siempre sólo en casos excepcionales. Por ejemplo al juez que investiga un delito. En nuestro siglo se adjudicaron este derecho los Estados fascistas y comunistas, y no en situaciones excepcionales, sino para siempre. Los ciudadanos de esos países saben que en cualquier momento puede producirse una situación en la que serán llamados a responder: qué hicieron ayer; qué piensan en lo más oculto de su alma; de qué hablan cuando se encuentran con A; ¿es cierto que mantienen una relación íntima con B? Precisamente ese imperativo sacralizado «¡Di la verdad!», ese decimoprimer mandamiento, a cuya fuerza no supieron resistir, los convirtió en masas de miserables infantilizados. Claro que a veces aparecía algún C que no quería por nada del mundo decir de qué había hablado con A, y para rebelarse (con frecuencia era la única rebelión posible) decía en lugar de la verdad una mentira. Pero la policía lo sabía y montaba en secreto en su casa micrófonos ocultos. No lo hacía por motivos reprobables, sino para enterarse de la verdad que el mentiroso C escamoteaba. Sencillamente reivindicaba su sagrado derecho a exigir una respuesta. En los países democráticos, cualquiera le respondería sacando la lengua al policía que se atreviera a preguntarle de qué ha hablado con A y si mantiene relaciones íntimas con B. No obstante, aquí también el gobierno del decimoprimer mandamiento se ejerce con toda energía. ¡Algún mandamiento tiene que gobernar a la gente en nuestro siglo, cuando los Diez Mandamientos de Dios ya casi han caído en el olvido! 

Toda la estructura moral de nuestra época se apoya en el decimoprimer mandamiento, y el periodista ha comprendido que gracias a una resolución secreta de la historia debe convertirse en su administrador, con lo cual adquirirá un poder con el que no soñaban ni Hemingway ni Orwell.  La primera vez que esto quedó demostrado con total claridad fue cuando los periodistas norteamericanos Cari Bernstein y Bob Woodward descubrieron con sus preguntas el juego sucio del presidente Nixon durante las elecciones y obligaron así al hombre más poderoso del planeta primero a mentir en público, después a reconocer en público que mentía y finalmente a marcharse con la cabeza gacha de la Casa Blanca (...) Destronarlo no por las armas o con intrigas, sino mediante la mera fuerza de la pregunta. «Dime la verdad», dice el periodista y nosotros naturalmente podemos preguntar cuál es el contenido de la palabra verdad para aquel que administra la institución del decimoprimer mandamiento. Para que no haya confusiones, subrayamos que no se trata de la verdad divina por la que murió en la hoguera Jan Hus, ni de la verdad de la ciencia y el libre pensamiento, por la que quemaron a Giordano Bruno. La verdad que corresponde al decimoprimer mandamiento no se refiere ni a la fe ni al pensamiento, es una verdad de la planta baja de la ontología, la verdad puramente positivista de los hechos: qué hizo C ayer; qué es lo que de verdad piensa en lo más profundo de su alma; de qué habla cuando se reúne con A; y ¿mantiene relaciones íntimas con B? No obstante, aunque esté en la planta baja de la ontología, es la verdad de nuestra época y tiene la misma fuerza explosiva que en otros tiempos tuvieron la verdad de Hus o la de Giordano Bruno (...).


Empieza la campaña electoral, el político salta del avión al helicóptero, del helicóptero al coche, se esfuerza, suda, engulle su almuerzo a la carrera, grita por el micrófono, pronuncia discursos de dos horas, pero al final, siempre dependerá de Bernstein o de Woodward cuál de las cincuenta mil frases que pronunció llegará a las páginas de los periódicos o será citada en la radio. Por eso el político querrá aparecer en la radio o la televisión en directo, sólo que eso no es posible más que por medio de Oriana Fallacci, que es dueña y señora del programa y que será quien le hará las preguntas. El político querrá aprovechar el momento en que por fin lo ve toda la nación y decir enseguida lo que siente, pero Woodward sólo le va a preguntar por lo que no siente en lo más mínimo, por lo que no quiere ni mencionar. Se encuentra así en la situación clásica del bachiller al que han convocado a la pizarra y que intenta emplear el viejo truco: pondrá cara de responder a la pregunta pero en realidad hablará de lo que para la emisión preparó en su casa. Pero si este truco valía hace tiempo para el profesor, no vale ya para Bernstein, quien le recuerda implacable: «¡No ha respondido a mi pregunta!» (...)




Este post está especialmente dedicado a @snlalaurette





06/02/2012

Escribir. Describir.

Supongo que la labor determinante, interminable y sutil que implica describir un personaje -alguien que es real ciento por ciento-, es un acto de creación (pero no sólo 'literaria', sino también material, concreta... es crear a alguien. Cual tarea divina). Y, como todo acto creador (una construcción, una conformación) es un modo de controlar. Se controla a la perfección lo que se crea -no en términos policíacos o represivos-, porque en realidad se está amasando con barro... el mismo control que poseen (o se arrogan) los asesinos, cuando deciden el momento (en este caso es eterno) que la vida de alguien tiene que terminar.

Por alguna razón, crear, escribir y asesinar me resultan comparables... Creo que el punto está en la eternidad: crear un personaje o asesinar a un individuo, es algo eterno. Una vez hecho, no hay quién lo deshaga, y lo que de ello se deriva se separa completamente de las manos del creador...



05/02/2012

Las Reglas del Volar.

...y así, finalmente, llegás al cielo.
Este post es una traducción (muy, muy precaria) del guión del corto Las Reglas del Volar (2004, Eugenie Jansen). Me resulta muy engorroso comentarlo, porque es un todo compuesto de manera consistente... preciosa (y precisa).  Y  sé, sin lugar a duda, que cualquier referencia que haga va a ser incompleta, desestimable y seguramente injusta.



Tal vez, viendo sus ideas generales, logre que lo busquen y comprueben lo bueno que es. 



Esto es lo que narra: 




"Realmente lo tienes que desearNo hay excusa para fracasar. Querer es poder: Ésa es la primera regla del volar. 

Si un pájaro dudase, caería irremediablemente: Debes tener fé.

Hay que evitar espacios cerrados. Las paredes y techos intensifican el efecto de la gravedad.

Debes vencer el miedo. Aleja tus límites. Coraje y audacia, de eso se trata.

Debes pensar ligeramente, pero sólo pensar no te ayudará. Comer pesado tampoco.

Debes impulsar tu cuerpo y mente.

Quien asume el riesgo, encontrará la recompensa. 

Debes estar dispuesto a dejarlo todo. Soltarte. Una vez en el aire, verás qué fácil es sentirse libre.



(como siempre, los destacados son míos.)



23/01/2012

Sin título (XXIV)


¿Cuántas patas tiene un perro si llamas a su cola, también, 'pata'? Cuatro. 
Llamar 'pata' a la cola no la hace una pata.



Abraham Lincoln







22/01/2012

Tolstoi lo aclara (y con arte).

Plumas. De metal y de bambú.
Ambas funcionan a la perfección. 
Tengo aquí una perla grande y brillante de Tolstoi que me topé no hace mucho. El esfuerzo que hace por definir algo tan imposible de atrapar (salvo que te llames Tolstoi y hayas escrito alguna que otra obra maestra), es digno de atender. Intentar recorrer ese camino por fuera de esa tracción brutal e ineludible que produce la idea (y experiencia) de la belleza a la hora de encontrar algún clivaje que nos permita siquiera empezar a caracterizar esa acción (interna o externa), esa completitud que incomoda llamada 'arte', es todo un avance. Lo que aquí aparece destacado a través del tamaño de la letra es, sin duda, con lo que me quedo de este fragmento... Y no podría comentarlo, porque en cualquier caso sería denostarlo. Para qué comentar lo que ya está dicho? Ah, los otros destacados en negrita y color, también son míos (y me fueron inevitables).


¿Qué es el arte?

León Tolstoi

¿Qué es, pues, el arte, considerado fuera de esa concepción de la belleza que sólo sirve para embrollar inútilmente el problema? Las únicas definiciones del arte que demuestran un esfuerzo para substraerse a esa concepción de la belleza, son las siguientes:

1º Según Schiller, Darwin y Spencer, el arte es una actividad que tienen hasta los animales y que resulta del instinto sexual y del instinto de los juegos;

2º Según Verón, el arte es la manifestación externa de emociones internas, producida por medio de líneas, de colores, de movimientos, de sonidos o de palabras;

3º Según Sully, el arte es la producción de un objeto permanente o de una acción pasajera, propias para procurar a su productor un goce activo y hacer nacer una impresión agradable en cierto número de espectadores o de oyentes, dejando aparte toda consideración de utilidad práctica.

Aunque superiores a las definiciones metafísicas que fundan el arte sobre la belleza, estas tres definiciones tampoco son exactas.

La primera es inexacta porque, en vez de ocuparse de la actividad artística propiamente dicha, sólo trata de los orígenes de esta actividad. La adición propuesta por Grant Allen también es inexacta, porque la excitación nerviosa que cita se manifiesta en otras formas de actividad humana, además de la actividad artística, y esto es lo que ha producido el error de las nuevas teorías estéticas, elevando al linaje de arte la confección de hermosos vestidos, de suaves perfumes o de guisos agradables. La definición de Verón, según la cual el arte expresa las emociones, es inexacta porque un hombre puede expresar sus emociones por medio de líneas, de sonidos, de colores o de palabras, sin que su expresión obre sobre otros; y en tal caso, no sería nunca una expresión artística. La de Sully es inexacta porque se extiende desde los ejercicios acrobáticos al arte, mientras hay, por el contrario, productos que pueden ser arte sin dar sensaciones agradables a su productor ni al público; así ocurre con las escenas patéticas o dolorosas de un poema o de un drama.

La inexactitud de todas estas afirmaciones procede de que todas, sin excepción, lo mismo que las metafísicas, cuidan sólo del placer que el arte puede producir, y no del papel que puede y debe desempeñar en la vida del hombre y de la humanidad.

Para dar la definición correcta del arte, es pues, necesario ante todo cesar de ver en él un manantial de placer, y considerarle como una de las condiciones de la vida humana. Si se considera así, se advierte que el arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres.

Toda obra de arte pone en relación al hombre al que se dirige con el que la produjo, y con todos los hombres que simultánea, anterior o posteriormente, reciben impresión de ella. La palabra que transmite los pensamientos de los hombres, es un lazo de unión entre ellos; lo mismo le ocurre al arte. Lo que le distingue de la palabra es que ésta le sirve al hombre para transmitir a otros sus pensamientos, mientras que, por medio del arte, solo le transmite sus sentimientos y emociones. La transmisión se opera del modo siguiente:

Un hombre cualquiera es capaz de experimentar todos los sentimientos humanos, aunque no sea capaz de expresarlos todos. Pero basta que otro hombre los exprese ante él, para que enseguida los experimente él mismo, aun cuando no los haya experimentado jamás. Para tomar el ejemplo más sencillo, si un hombre ríe, el hombre que le escucha reír, se siente alegre; si un hombre llora, el que lo ve llorar, se entristece. Si un hombre se irrita o excita, otro hombre, el que lo ve, cae en un estado análogo. Por sus movimientos o por el sonido de su voz expresa un hombre su valor, su resignación, su tristeza; y estos sentimientos se transmiten a los que le ven o le oyen. Un hombre expresa su padecimiento por medio de suspiros y sonidos, y su dolor se transmite a los que la escuchan. Lo propio ocurre con otros mil sentimientos...



17/01/2012

Las Dos Caras del Estado

Como Jano, pero diferente.
Segundo texto del maestro Bourdieu aparecido en Le Monde Diplomatique (Argentina) y extractado de 'Les deux faces de l'Etat' de la antología Sur l'Etat. Cours au Collège de France. 1989-1992). Difundo aquí la labor del destacable blog Sociología Contemporánea.





Las Dos Caras del Estado

Por Pierre Bourdieu


Describir la génesis del Estado es describir la génesis de un campo social, de un microcosmos social relativamente autónomo dentro del mundo social que lo engloba, en el que se juega un juego particular: el juego político legítimo. Tomemos como ejemplo la invención del Parlamento, lugar donde se debate sobre cuestiones que oponen a grupos de interés, reglamentariamente, siguiendo reglas, públicamente. Marx sólo había visto las bambalinas del asunto: el uso de la metáfora del teatro, de la teatralización del consenso, oculta el hecho de que hay personas que mueven los hilos y de que los verdaderos problemas, los verdaderos poderes estarían en otra parte. Hacer la génesis del Estado es hacer la génesis de un campo donde lo político va a actuarse, a simbolizarse, a dramatizarse reglamentariamente.

Hay personas que tienen el privilegio de lo universal, pero no se puede tener lo universal sin monopolizar al mismo tiempo lo universal. Hay un capital de lo universalEntrar en este juego de lo político legalizado, legítimo, es tener acceso a ese recurso gradualmente acumulado que es "lo universal", en la palabra universal, en las posiciones universales a partir de las cuales se puede hablar en nombre de todos, del universum, de la totalidad de un grupo. Se puede hablar en nombre del bien público, de lo que es bueno para el público y, al mismo tiempo, apropiárselo. Eso está en el principio del "efecto Jano": hay personas que tienen el privilegio de lo universal, pero no se puede tener lo universal sin monopolizar al mismo tiempo lo universal. Hay un capital de lo universal. El proceso según el cual se constituye esta instancia de gestión de lo universal es inseparable de un proceso de constitución de una categoría de agentes cuya propiedad es apropiarse de lo universal.


La cultura garantizada

La cultura legítima es la cultura garantizada por el Estado, garantizada por esta institución que garantiza los títulos de cultura, que emite los certificados que garantizan la posesión de una cultura garantizadaTomo un ejemplo del campo de la cultura. La génesis del Estado es un proceso durante el cual se opera toda una serie de concentraciones de diferentes formas de recursos: concentración de los recursos de la información (la estadística a través de las encuestas, los informes), de un capital lingüístico (oficialización de un dialecto que es erigido como lengua dominante, de modo que todas las demás hablas son sus formas depravadas, descarriadas o inferiores). Este proceso de concentración va de la mano con un proceso de desposeimiento: constituir una ciudad como capital, como lugar donde se concentran todas esas formas de capital, es constituir la provincia como desposeimiento del capital; constituir la lengua legítima es constituir todas las demás lenguas como dialectos. La cultura legítima es la cultura garantizada por el Estado, garantizada por esta institución que garantiza los títulos de cultura, que emite los certificados que garantizan la posesión de una cultura garantizada. El Estado se encarga de los programas escolares. Cambiar un programa es cambiar la estructura de la distribución del capital, es hacer que se deterioren algunas formas de capital. Por ejemplo, eliminar el latín y el griego de la enseñanza es condenar al poujadismo a toda una categoría de pequeños portadores de capital lingüístico. En todos mis trabajos anteriores sobre la escuela había olvidado por completo que la cultura legítima es la cultura del Estado…

Al mismo tiempo, esta concentración es una unificación y una forma de universalización. Allí donde estaba estaba lo diverso, lo disperso, lo local, está lo único. En un trabajo que realicé con Germaine Tillion, comparamos las unidades de medida en diferentes pueblos cabilas en una área de 30 km: encontramos tantas unidades de medida como pueblos. La creación de un patrón nacional y estatal de unidades de medida es un progreso hacia la universalización: el sistema métrico es un patrón universal que supone un consenso, un acuerdo sobre el sentido. Este proceso de concentración, de unificación, de integración es acompañado por un proceso de desposeimiento, ya que todos esos saberes, esas competencias que se asocian a estas medidas locales, son descalificadas. En otras palabras, el propio proceso por el que se gana en universalidad es acompañado por una concentración de la universalidad. Hay quienes quieren el sistema métrico (los matemáticos) y quienes son remitidos a lo local. En el fondo, la génesis del Estado es inseparable de la constitución de un monopolio de lo universal, cuyo ejemplo por excelencia es la culturaEl propio proceso de constitución de recursos comunes es inseparable de la constitución de esos recursos comunes como capital monopolizado por parte de quienes poseen el monopolio de la lucha por el monopolio de lo universal. Todo este proceso —constitución de un campo; autonomización de ese campo respecto de otras necesidades; constitución de una necesidad específica respecto de la necesidad económica y doméstica; constitución de una reproducción específica de tipo burocrático, específico respecto de la reproducción doméstica, familiar; constitución de una necesidad específica respecto de la necesidad religiosa— es inseparable de un proceso de concentración y de constitución de una nueva forma de recursos que pasan a pertenecer a lo universal, en todo caso a un grado de universalización superior a los que existían antes. Se pasa de un pequeño mercado local al mercado nacional, ya sea a nivel económico o simbólico. En el fondo, la génesis del Estado es inseparable de la constitución de un monopolio de lo universal, cuyo ejemplo por excelencia es la cultura.

Todos mis trabajos previos pueden resumirse del siguiente modo: esta cultura es legítima porque se presenta como universal, como disponible para todos, porque en nombre de esta universalidad se puede eliminar sin temor a quienes no la poseen. Esta cultura, que aparentemente une pero en realidad divide, es uno de los grandes instrumentos de dominación, porque están aquellos que tienen el monopolio de esta cultura, monopolio terrible puesto que no se puede reprochar a esta cultura ser particular. Incluso la cultura científica no hace más que empujar la paradoja a su límite. Las condiciones de la constitución de este universal, de su acumulación, son inseparables de las condiciones de la constitución de una casta, de una nobleza de Estado, de "monopolizadores" de lo universal. A partir de este análisis, podemos proponernos como proyecto universalizar las condiciones de acceso a lo universal. Por ende, es preciso saber cómo: ¿hay que desposeer a los "monopolizadores" para lograrlo? Claramente, no es por allí donde hay que ir a buscar.


Intercambios simbólicos

Para ilustrar lo que he dicho sobre el método y el contenido terminaré con una parábola. Hará unos treinta años en una noche de Navidad, fui a un pequeño pueblo de Béarn para ver un baile de campo. Algunos bailaban, otros no. Algunas personas, de más edad que el resto y con un estilo campesino, no bailaban, hablaban entre sí, disimulaban para justificar su insólita presencia. Deberían estar casados, ya que cuando uno está casado ya no baila. El baile es uno de los lugares de intercambio matrimoniales: es el mercado de bienes simbólicos matrimonialesEl baile es uno de los lugares de intercambio matrimoniales: es el mercado de bienes simbólicos matrimoniales. Había un alto porcentaje de solteros: 50% en el rango de edad de 25-35 años. Intenté encontrar un sistema explicativo de este fenómeno: antes había un mercado local protegido, no unificado. Cuando se constituye lo que llamamos "Estado", hay una unificación del mercado económico a la que el Estado contribuye con su política y una unificación del mercado de los intercambios simbólicos, es decir, el mercado de la compostura, de la ropa, de la persona, de la identidad, de la presentación. Estas personas tenían un mercado protegido, con base local, en el que tenían un control, lo cual permitía una especie de endogamia organizada por las familias. Los productos del modo de reproducción campesino tenían sus chances en ese mercado: seguían siendo vendibles y encontraban jovencitas.

En la lógica del modelo que he mencionado, lo que sucedía en ese baile era el resultado de la unificación del mercado de intercambios simbólicos: el paracaidista de la pequeña ciudad vecina que llegaba comportándose con arrogancia era un producto descalificante, que quitaba su valor a ese competidor que es el campesino. Dicho de otro modo, la unificación del mercado, que se puede presentar como un progreso, al menos para las personas que emigran, es decir las mujeres y todos los dominados, puede tener un efecto liberador. La escuela transmite una postura corporal diferente, formas de vestir, etc., y el estudiante tiene un valor matrimonial en ese nuevo mercado unificado, mientras que los campesinos son desclasados. Allí se encuentra toda la ambigüedad del proceso de universalización. En el caso de las jóvenes del campo que parten a la ciudad, que se casan con un cartero, etc., hay un acceso a lo universal. Pero ese grado de universalización superior es inseparable del efecto de dominación. Esta unificación del mercado tiene como efecto prohibir de facto la reproducción biológica y social a toda una categoría de personas.

En esa misma época había estado trabajando con un material hallado de casualidad: los registros de las deliberaciones comunales de doscientos habitantes durante la Revolución Francesa. En esa región, los hombres votaban por unanimidad. Llegan decretos que dicen que hay que votar por mayoría. Deliberan, hay resistencias, hay un bando y otro bando. Poco a poco gana la mayoría: tiene tras de sí lo universal.

Hubo grandes discusiones en torno a este problema planteado por Tocqueville en una lógica de continuidad/discontinuidad de la Revolución. Sigue habiendo un verdadero problema histórico: ¿cuál es la fuerza específica de lo universal? Los procedimientos políticos de esos campesinos de tradiciones milenarias muy coherentes fueron arrastrados por la fuerza de lo universal, como si se hubieran inclinado ante algo más fuerte lógicamente: procedente de la ciudad, una puesta en discurso explícita, metódica y no práctica. Se han convertido en provincianos, en locales.

Las actas de la deliberaciones se transforman: "Habiendo decidido el prefecto…", "El Ayuntamiento se ha reunido…". La universalización tiene como revés un desposeimiento y una monopolización. La génesis del Estado es la génesis de un lugar de gestión de lo universal y a la vez de un monopolio de lo universal y de un conjunto de agentes que participan del monopolio de hecho de esa cosa que, por definición, pertenece a lo universal.



Fuente: Sociología Contemporánea.



15/01/2012

La Opinión Pública



Difundo el artículo publicado entre los trabajos inéditos de Pierre Bourdieu (Sur l'Etat. Cours au collège de France: 1989-1992), reproducido por Le Monde diplomatique en su edición argentina.







¿Cómo se forma la "opinión pública"? (*)


Pierre Bourdieu



Un hombre oficial es un ventrílocuo que habla en nombre del Estado: toma una postura oficial —habría que describir la puesta en escena de lo oficial—, habla a favor y en nombre del grupo al que se dirige, habla por y en nombre de todos, habla en tanto representante de lo universal.

La opinión pública es la opinión de los que son dignos de tener una opinión.Aquí llegamos a la noción moderna de opinión pública. ¿Qué es esta opinión pública que invocan los creadores de derecho de las sociedades modernas, sociedades en las cuales el Derecho existe? Tácitamente, es la opinión de todos, de la mayoría o de aquellos que cuentan, de aquellos que son dignos de tener una opinión. Pienso que la definición patente en una sociedad que se dice democrática, es decir donde la opinión oficial es la opinión de todos, oculta una definición latente, a saber, que la opinión pública es la opinión de los que son dignos de tener una opinión. Hay una especie de definición censitaria de la opinión pública como opinión ilustrada, como opinión digna de ese nombre.

La lógica de las comisiones oficiales es crear un grupo así constituido que exhiba todos los signos exteriores, socialmente reconocidos y reconocibles, de la capacidad de expresar la opinión digna de ser expresada, y en las formas establecidas. Uno de los criterios tácitos más importantes para seleccionar a los miembros de la comisión, en especial a su presidente, es la intuición que tiene la gente encargada de componer la comisión de que la persona considerada conoce las reglas tácitas del universo burocrático y las reconoce: en otras palabras, alguien que sabe jugar el juego de la comisión de manera legítima, que va más allá de las reglas del juego, que legitima el juego; nunca se está más en el juego que cuando se va más allá del juego. En todo juego existen las reglas y el fair-play. A propósito del hombre kabil (1), o del mundo intelectual, yo había empleado la fórmula: la excelencia, en la mayoría de las sociedades, es el arte de jugar con la regla del juego, haciendo de ese juego con la regla del juego un supremo homenaje al juego. El transgresor controlado se opone completamente al herético.

El grupo dominante coopta miembros a partir de índices mínimos de comportamiento, que son el arte de respetar la regla del juego hasta en las transgresiones reguladas de la regla del juego: el decoro, la compostura. Es la célebre frase de Chamfort: "El Gran Vicario puede sonreír sobre un tema contra la Religión, el Obispo reír con ganas, el Cardenal agregar lo que tenga que decir" (2). Cuanto más se asciende en la jerarquía de las excelencias, más se puede jugar con la regla del juego, pero ex officio, a partir de una posición que no admita ninguna duda. El humor anticlerical del cardenal es supremamente clerical.


La verdad de todos

La opinión pública siempre es una especie de doble realidad. Es lo que no puede dejarse de invocar cuando se quiere legislar sobre terrenos no constituidos. Cuando se dice “Hay un vacío jurídico” (expresión extraordinaria) a propósito de la eutanasia o de los bebés de probeta, se convoca a gente que trabajará aplicando toda su autoridad. Dominique Memmi (3) describe un comité de ética [sobre la procreación artificial], compuesto por personas disímiles —psicólogos, sociólogos, mujeres, feministas, arzobispos, rabinos, eruditos, etc.— cuyo objetivo es transformar una suma de idiolectos (4) éticos en un discurso universal que llene un vacío jurídico, es decir que aporte una solución oficial a un problema difícil que trastorna a la sociedad —legalizar el alquiler de vientres, por ejemplo—. Si se trabaja en ese tipo de situación, debe invocarse una opinión pública. En ese contexto, resulta muy clara la función impartida a las encuestas. Decir "las encuestas están de nuestra parte", equivale a decir "Dios está de nuestra parte", en otro contexto.

Una de las propiedades de las encuestas consiste en plantearle a la gente problemas que ella no se plantea, en sugerir respuestas a problemas que ella no se ha planteado; por lo tanto, a imponer respuestas. Pero el tema de las encuestas es engorroso, porque a veces la opinión ilustrada está contra la pena de muerte, mientras que los sondeos están más bien a favor. ¿Qué hacer? Se forma una comisión. La comisión constituye una opinión pública esclarecida que instituirá la opinión ilustrada como opinión legítima en nombre de la opinión pública —que, por otra parte, dice lo contrario o no piensa nada (lo que suele ocurrir a propósito de muchos temas)—. Una de las propiedades de las encuestas consiste en plantearle a la gente problemas que ella no se plantea, en sugerir respuestas a problemas que ella no se ha planteado; por lo tanto, a imponer respuestas. No es cuestión de sesgos en la construcción de las muestras, es el hecho de imponer a todo el mundo preguntas que se le formulan a la opinión ilustrada y, por este hecho, producir respuestas de todos sobre problemas que se plantean sólo algunos; por lo tanto dar respuestas ilustradas, puesto que han sido producidas por la pregunta: se han creado para la gente preguntas que no existían para ella, cuando lo que realmente le importaba, era la cuestión en sí.

Voy a traducirles sobre la marcha un texto de Alexander Mackinnon de 1828 extraído de un libro de Peel sobre Herbert Spencer (5). Mackinnon define la opinión pública; da la definición que sería oficial si no fuera inconfesable en una sociedad democrática. Cuando se habla de opinión pública, siempre se juega un doble juego entre la definición confesable (la opinión de todos) y la opinión autorizada y eficiente que se obtiene como subconjunto restringido de la opinión pública democráticamente definida: "Es ese sentimiento sobre cualquier tema que es cultivado, producido por las personas más informadas, más inteligentes y más morales de la comunidad. Esta opinión se extiende gradualmente y es adoptada por todas las personas con alguna educación y sentimiento que conviene a un Estado civilizado". La verdad de los dominantes deviene la de todos.


Cómo legitimar un discurso

En los años 1880, en la Asamblea Nacional se decía abiertamente lo que la sociología tuvo que redescubrir, es decir, que el sistema escolar debía eliminar a los niños de las clases más desfavorecidas. Al principio se planteaba la cuestión, pero luego fue totalmente reprimida ya que, sin que se lo pidiera, el sistema escolar se puso a hacer lo que se esperaba de él. Entonces, no hubo necesidad de hablar sobre el tema. El interés del retorno sobre la génesis es muy importante, porque en los comienzos hay debates donde se dicen con todas las letras cosas que, después, aparecen como provocadoras revelaciones de los sociólogos.

El reproductor de lo oficial sabe producir —en el sentido etimológico del término: producere significa "hacer avanzar"—, teatralizándolo, algo que no existe (en el sentido de lo sensible, visible), y en nombre de lo cual habla. Debe producir eso en nombre de lo que tiene el derecho de producir. No puede no teatralizar, ni dar forma, ni hacer milagros. Para un creador verbal, el milagro más común es el milagro verbal, el éxito retórico; debe producir la puesta en escena de lo que autoriza su decir, dicho de otra manera, de la autoridad en nombre de la cual está autorizado a hablar.

"Manejar sabiamente una lengua es practicar una especie de hechicería evocatoria" —Baudelaire. Encuentro la definición de la prosopopeya que estaba buscando: "Figura retórica por la cual se hace hablar y actuar a una persona que es evocada, a un ausente, a un muerto, un animal, una cosa personificada". Y en el diccionario, que siempre es un formidable instrumento, se encuentra esta frase de Baudelaire hablando de la poesía: "Manejar sabiamente una lengua es practicar una especie de hechicería evocatoria". Los letrados, los que manipulan una lengua erudita —como los juristas y los poetas—, tienen que poner en escena el referente imaginario en nombre del cual hablan y que ellos producen hablando en las formas; tienen que hacer existir eso que expresan y aquello en nombre de lo cual se expresan. Deben simultáneamente producir un discurso y producir la creencia en la universalidad de su discurso mediante la producción sensible (en el sentido de evocar los espíritus, los fantasmas —el Estado es un fantasma…—) de esa cosa que garantizará lo que ellos hacen: "la nación", "los trabajadores", "el pueblo", "el secreto de Estado", "la seguridad nacional", "la demanda social", etc.

Percy Schramm mostró cómo las ceremonias de coronación eran la transferencia, en el orden político, de ceremonias religiosas (6). Si el ceremonial religioso puede transferirse tan fácilmente a las ceremonias políticas mediante la ceremonia de la coronación, es porque en ambos casos se trata de hacer creer que hay un fundamento del discurso que sólo aparece como auto-fundador, legítimo, universal porque hay teatralización —en el sentido de evocación mágica, de brujería— del grupo unido y que consiente el discurso que lo une. De allí el ceremonial jurídico. El historiador inglés E. P. Thompson insistió en el rol de la teatralización jurídica en el siglo XVIII inglés —las pelucas, etc.—, que no puede comprenderse en su totalidad si no se considera que no es un simple artefacto, en el sentido de Pascal, que vendría a agregarse: es constitutiva del acto jurídico (7). Impartir justicia en un traje convencional es arriesgado: se corre el riesgo de perder la pompa del discurso. Siempre se habla de reformar el lenguaje jurídico sin nunca hacerlo, porque es la última de las vestiduras: los reyes desnudos ya no son carismáticos.


Puro teatro

Una de las dimensiones más importantes de la teatralización es la teatralización del interés por el interés general; es la teatralización de la convicción del interés por lo universal, del desinterés del hombre político —teatralización de la creencia del sacerdote, de la convicción del hombre político, de su fe en lo que hace—. Si la teatralización de la convicción forma parte de las condiciones tácitas del ejercicio de la profesión del clérigo —si un profesor de filosofía tiene que aparentar creer en la filosofía—, es porque ello constituye el homenaje esencial del oficial-hombre a lo oficial; es lo que hay que agregarle a lo oficial para ser un oficial: hay que agregar el desinterés, la fe en lo oficial, para ser un verdadero oficial. El desinterés no es una virtud secundaria: es la virtud política de todos los mandatarios. Las locuras de los curas, los escándalos políticos, son el desmoronamiento de esta especie de creencia política en la cual todo el mundo actúa de mala fe, ya que la creencia es una suerte de mala fe colectiva, en el sentido sartreano: un juego en el cual todo el mundo se miente y miente a los otros sabiendo que se mienten. Esto es lo oficial… [Traducción: Teresa Garufi]



Notas:

(*) El original francés: "La fabrique des débats publics".
(1) Alusión a un estudio etnológico que Bourdieu realizó sobre los beréberes kabiles.
(2) Nicolas de Chamfort, Maximes et pensées, París, 1795.
(3) Dominique Memmi, "Savants et maîtres à penser. La fabrication d’une morale de la procréation artificielle", Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 76-77, 1989, p. 82-103.
(4) Del griego idios, "particular": discurso particular.
(5) John David Yeadon Peel, Herbert Spencer. The Evolution of a Sociologist, Londres, Heinemann, 1971. William Alexander Mackinnon (1789-1870) tuvo una larga carrera como miembro del Parlamento británico.
(6) Percy Ernst Schramm, Der König von Frankreich. Das Wesen der Monarchie von 9 zum 16 (8) Jahrhundert. Ein Kapital aus Geschichter des abendlischen Staates (dos volúmenes), H. Böhlaus Nachf, Weimar, 1939.
(7) Edward Palmer Thompson, "Patrician society, plebeian culture", Journal of Social History, vol. 7, Nº 4, Berkeley, 1976, p. 382-405.


Fuente: Sociología Contemporánea